BAXI y Europa tardaron en conocerse. Casi una década tuvo que pasar desde los primeros flirteos infructuosos allá por los años 2017/18. No fue hasta Septiembre del 2024 que por fin pudieron verse cara a cara por primera vez. La cita fue en Battipaglia, en el sur de Italia, y desde ese primer cruce de miradas se vio claro que algo especial acababa de nacer.
Los inicios de una hermosa relación.
En la liga nacional es habitual enfrentarse a varios de los mejores equipos de Europa, pero cuando llega a tu casa un campeón de Euroliga venido de las lejanas tierras de Constantinopla, como el Galatasaray, el exotismo del rival sin duda aumenta su encanto, y ser capaz de competir dignamente lo hace con la propia autoestima. Pero verse conquistando tierras otomanas, venciéndoles en su propia casa, daba un placer difícilmente explicable, más aún desde la inexperiencia de quien está empezando una nueva relación con la vieja Europa.
Al BAXI le gustaba Europa, ya era mucho tiempo viéndola desde lejos, y a Europa, poco a poco le iba gustando más ese recién llegado. Cada encuentro era una fiesta. En cada viaje crecía la ilusión. Pero en todas las relaciones hay altibajos. Una fría tarde de Enero de 2025, en Miskolc, Hungría, llegaban las primeras tensiones. Aquel día nada de lo que el BAXI hacía agradaba a Europa. El final parecía inminente, pero como las primeras discusiones de novios, todo se arregló antes de los postres, y BAXI y Europa pudieron seguir disfrutando aún más tiempo de momentos muy especiales.
Europa regala al BAXI los mejores momentos de su vida.
Ninguno de los dos le exigía nada a su «partenaire». No había más objetivo que disfrutar de cada minuto. Así llegaron noches mágicas como las de Sassari o las del Lyon. Europa y el BAXI, ciegos de amor, llegaron juntos hasta el final de curso, en la gran fiesta final de Villleneuve d’Ascq, donde ya sólo el hecho de estar allí, provocaba un éxtasis que iba más allá de temas que, en aquel momento, parecían hasta secundarios, como el resultado.
El verano llegó, pero ambos amantes ya se habían citado para el curso siguiente. El BAXI había cambiado bastante, pero cuando volvió a encontrarse con ella, parecía que no habían pasado ni un minuto separados. Aún cuando las cosas del día a día no iban del todo bien, siempre estaba Europa para dar un empujón y animar a un BAXI, al que por momentos parecía que se le hacía difícil luchar por sacar adelante tantas responsabilidades. Así pasaron las semanas, los viajes, Lisboa, Ostrava, Sosnowiec, Milán.
La sensación era que la magia jamás se rompería. Hasta por 24 horas el BAXI fue el único de todos los aspirantes a quedarse con el premio final que no había tenido ni un mal día en todo el curso, después de que Fenerbahçe saliera mal parado de su visita a Landes.
Las nubes negras se ciernen sobre el BAXI en una noche cada vez más oscura.
Pero como todos sabemos, el amor, no es imperturbable. Es frágil como un hermoso jarrón, que al más mínimo descuido, puede quebrarse. Esta vez el viaje era el más cómodo posible, Salamanca, y el rival, aunque había sido de los preferidos de la vieja Europa no hace demasiado tiempo, no estaba en su mejor momento. La esperanza del BAXI en que la del pasado jueves podría volver a ser otra noche mágica al amparo del viejo continente era alta. Pero no fue así.
Las malas noticias empezaron a llegar pronto. El BAXI había perdido una nueva integrante para bastante tiempo. El maldito cruzado, como con Bego De Santiago casi sin haber llegado al equipo , volvía a castigar a una jugadora ferrolana. Karla Erjavec, que estaba creciendo, como el resto del equipo, en las últimas jornadas, decía adiós a Europa, y a toda la temporada, antes de la cita con las salmantinas. Tercera baja de larga duración, si sumamos la de Gala Mestres, por causas mucho menos trágicas. Sería el primer jarro de agua fría de la noche, pero no el último.
Por primera vez, no saldrá el sol tras la tormenta para el BAXI.
Con tan sólo 9 jugadoras disponibles, y Claire Melia, una de las fundaméntales en las filas gallegas, muy tocada por la lesión de pie que lleva arrastrando semanas, el BAXI empezó compitiendo, pero desde los primeros minutos se veía que el Avenida se había puesto sus mejores galas, para volver a encandilar a aquella Europa que hace años se rendía a sus pies. Como incrédulo, el BAXI sentía como se les escapa de las manos la magia con la que siempre llegaba a su cita continental. Todas la jugadoras locales mostraban su versión más luminosa, mientras las sombras atormentaban cada vez más a las visitantes.
La fragancia irresistible en la noche del jueves de las perfumeras embriagaba a la vieja Europa de nuevo, que después de mucho tiempo le daba la espalda al BAXI. Y esta vez no habría reconciliación posible, por lo menos esa noche. Por primera vez desde que se conocieran, el BAXI sintió en sus propias carnes que, Europa, no es sólo alegría. Europa, también puede doler.
Contra la decepción del primer amor, experiencia.
Cuando el primer amor se rompe puede ser desgarrador. Ver ese hermoso jarrón perfecto, destrozado en mil pedazos es sin duda triste. Pero como nos enseña el Kintsugi japonés, de la rotura de un objeto puede salir su mejor virtud. Las cicatrices que nos deja la vida es lo que nos transforman a cada uno en un ser único. Cada paso, acertado o no, forja un camino del que sentirse orgulloso.
El jarrón del BAXI en Europa, impoluto hasta la noche del pasado jueves en Würtzwurg, ya no volverá a ser el mismo. Posiblemente será mejor. Las cicatrices formadas en esa cancha de Salamanca, servirán para dar valor a un pasado irrepetible y experiencia para un futuro ilusionante. El BAXI, y lo que significa para tanta gente, puede romperse tanta veces como quiera, que el arte de la resiliencia lo devolverá más bello y especial de lo que anteriormente era.

