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Milano frena al Partizan y se reencuentra con la victoria (85-79)

Foto: @Olimpiami1936

Vigésima quinta jornada de la Euroliga en el Mediolanum Forum, con un duelo entre dos equipos necesitados por motivos distintos. El Olimpia Milano llegaba con la urgencia de romper una mala dinámica de resultados tras tres derrotas consecutivas entre Euroliga y Serie A, mientras que el Partizan aterrizaba en Italia con la moral alta después de firmar una remontada histórica de 27 puntos ante uno de los grandes de la competición, el Hapoel Tel Aviv.

Uno de los grandes alicientes del encuentro fue, sin duda, el reencuentro de Zach LeDay con el club que marcó su carrera. El ala-pívot estadounidense, muy querido por la afición serbia, no escondió sus sentimientos —“my blood will forever be black and white”—, pero sobre la pista fue profesional hasta el final: 20 puntos y liderazgo absoluto para guiar a un Milano que acabó imponiéndose por 85-79.

El partido fue igualado de principio a fin, aunque con una constante: el Olimpia siempre fue un pequeño paso por delante en el marcador. El ímpetu inicial de los locales obligó a un Partizan todavía mermado —sin Vanja Marinković, Shake Milton ni Duane Washington— a resistir apoyándose en un notable Dylan Osetkowski, probablemente en su mejor actuación desde su llegada, aportando energía, lectura y acierto. La dirección del juego serbio estuvo bien repartida entre Cameron Payne (16 puntos) y un Nick Calathes más organizador que anotador, autor de 7 asistencias.

Milano, por su parte, encontró en LeDay su faro ofensivo, pero no estuvo solo. Josh Nebo fue clave cerca del aro con 15 puntos y dominio físico, mientras que Quinn Ellis aportó 11 puntos importantes en momentos de necesidad. A pesar de la ausencia de Lorenzo Brown, el conjunto italiano mostró una versión sólida y reconocible.

Tras un primer tiempo muy parejo, el punto de inflexión llegó al final del tercer cuarto, cuando el Olimpia enlazó tres triples consecutivos que le permitieron abrir una renta de dobles dígitos (69-57). Parecía el golpe definitivo, pero este Partizan, todavía irregular pero con orgullo, no se rindió. Un parcial al inicio del último cuarto devolvió a los serbios al partido, recortando la diferencia hasta el 71-68 y obligando a Poeta a detener el juego.

Ahí apareció la experiencia y el control de los locales, que supieron gestionar mejor los últimos minutos, castigando errores y cerrando el partido sin excesivos sobresaltos para sellar una victoria tan necesaria como trabajada. Para el Partizan, una derrota que corta la euforia post-remontada, pero que deja sensaciones algo más competitivas que en semanas anteriores.

Milano vuelve a sonreír en casa pese a la lesión de Marko Guduric, mientras que Partizan, pese a la lucha, confirma que sigue en pleno proceso de reconstrucción, todavía lejos de la regularidad que exige la Euroliga.

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