Natalia Rodríguez (Agüimes, 1999) nos atiende en pleno «año sabático» por la otra punta del mundo, en Nueva Zelanda. Con ella repasamos su más presente actualidad y hacemos una vista al pasado deportivo, desde sus orígenes hasta este verano del 2025.
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Adrián Eguizábal (A. E.) : Hola Natalia, has tenido un cambio radical de vida yéndote a Nueva Zelanda . ¿Qué te motivó a marcharte allí?
Natalia Rodríguez (N. R.) : Las últimas temporadas no han sido fáciles y, sobre todo, no las estaba disfrutando… y eso, para mí, es lo más importante del baloncesto. Tuve la suerte de participar en un programa de voluntariado llamado Ruta7, donde viví en comunidad con 44 personas más y viajé por las 8 islas Canarias en modo mochilera. Esa experiencia me abrió la mente y me hizo ver que hay otra realidad más allá del baloncesto. Me di cuenta de que no estaba siendo yo misma si no disfrutaba en la pista. Así que, durante mi año en Vitoria, tomé una decisión importante para la siguiente temporada. No fue fácil, pero aquí estoy: working holiday en Nueva Zelanda. (Si quieren seguir esta pequeña locura, pueden hacerlo en @ruteandonz.)
A. E. : Hablemos de la Natalia jugadora y de tus orígenes. ¿Cuándo empezaste a jugar a baloncesto y qué recuerdos tienes de Agüimes?
N. R. : Los orígenes del baloncesto vienen de mi pueblo, gracias a mi grupo de amigas ya que unas cuantas estaban ya en baloncesto en 5º de primaria y se iban a apuntar al campus de baloncesto, un clinic del CB Agüimes que duraba un mes largo y era toda la mañana y como siempre me habían gustado los deportes y antes hice patinaje, atletismo, natación…me encantó la idea de ese deporte de equipo con mis amigas. De ese verano tengo unos recuerdos increíbles porque estaba con todas ellas (Sara, Andrea, Paula, Irene, Laura, Lorena…), con muchos conocidos de la zona, de diferentes edades. Ahí las entrenadoras del que iba a ser equipo equipo minibasket en 2010, empezaron a animarme a que me apuntara, que iban a sacar equipo para competir y que estaría muy bien. Así que con alguna duda, porque tenía que dejar atrás otra actividad extraescolar, me decidí y en minibasket, 6º de primaria, empecé a competir con el club. Ese mismo año me cogieron para la selección de Gran Canaria, y jugamos un torneo entre las demás islas (la última vez que se hizo este tipo de torneo) y de ahí sacaban la preselección canaria, donde pude meterme entre las 12. Entonces también tuve la suerte de que estábamos vinculados como club al C.B Islas Canarias y quisieron que me uniera con ellas para los campeonatos de canarias de clubes tanto minibasket como preinfantil (cuando no había jugado en canasta grande nunca). Así que ya empecé a competir para el “caja” y pude seguir formándome hasta senior con ellos.
A. E. : Echando la vista al pasado, fuiste una habitual en categorías inferiores con España. ¿Qué diferencia notaste en el salto de inferiores al baloncesto senior?
N. R. : Tuve la suerte de ser una habitual en las categorías inferiores de la selección. Poder vestir la camiseta de España en formación es algo muy especial, no solo por el nivel competitivo, sino por todo lo que se vive alrededor. En cuanto al salto al baloncesto senior, la principal diferencia es la exigencia constante: física, mental y competitiva. En la absoluta hay un nivel y una competencia enormes. Tenemos jugadoras espectaculares, y compartir pista con ellas —o enfrentarte— es un auténtico lujo y un premio al trabajo. Aun así, hay que ser consciente de que llegar a la absoluta no es nada fácil. La representación de jugadoras que tiene España es impresionante, y el esfuerzo que realizan cada verano, sacrificando gran parte de sus vacaciones para seguir compitiendo y representándonos, es digno de admiración. En mi caso, lo que pude vivir en categorías de formación fue increíble: vestir la camiseta, compartir pista y meses de preparación con amigas (como Aina Ayuso, mi roomie muchos meses de verano, Sol, Alba Prieto, etc), con el objetivo común de luchar por medallas —como nos tiene acostumbrados la FEB— es una experiencia única que, sin duda, volvería a repetir.
A. E. : ¿Cuál es el mejor recuerdo que tienes de tu etapa en BAXI Ferrol?
N. R. : Elegir en 5 años un solo recuerdo es complicado. Pero podría destacar varios según el momento, como mi primer año cuando ganamos en Würzburg (el actual Silvia Domínguez), a un equipo que llevaba muchísimo sin perder en ese pabellón. El año del ascenso en Leganés que no perdimos ni un partido durante la temporada, y lo pudimos sellar con broche de oro con ese ascenso. Y mi último año a pesar de descender, siento que cada partido lo dábamos todo, nos quedamos a pocos puntos de llevarnos la victoria y la afición de A Malata estaba siempre con nosotras.

A. E. : ¿Qué recuerdas de aquel ascenso a LF Endesa? Erais 3 canarias en ese equipo…
N. R. : Me adelanté un poco con la pregunta anterior, pero ese año fue especial porque fue el post covid, pero es que encima hicimos pleno de victorias, no supimos que era la derrota. Y en Leganés pudimos llevar al equipo a Liga Femenina Endesa. Tengo el recuerdo de no parar de llorar después de salir del vestuario, de gritar, echarnos el champán en el vestuario y encima como dices en la pregunta poder compartirlo con Laura Fernández y con mi amiga y ejemplo Patricia Cabrera.
A. E. : Y después de ascender al año siguiente perdéis la categoría, y poco después firmas con el IDK Euskotren y también puedes jugar en Eurocup. ¿Cómo fue ese contraste?
N. R. : Ese año me doy cuenta del esfuerzo inmenso que hacen todas las jugadoras que tienen doble competición, que hasta que no lo vives no eres capaz de entenderlo al 100%. Poder jugar competición europea era un sueño y pude hacerlo con IDK que también debuta como club en Europa, fue especial. Es verdad que esa “inexperiencia” hizo que ese año la liga fuera complicada y tuviéramos que estar luchando por no bajar.
A. E. : Elena está creciendo en Ferrol y seguro que estarás atenta a su progreso. ¿Cómo la estás viendo?
N. R. : La verdad que a pesar de las horas de diferencia que no me permiten ver los partidos como me gustaría, puedo ver luego resúmenes, algún video que me mandan o ponen aficionadas del BAXI FERROL y estadísticas que me permiten hacerme una idea más realista. Además con ella suelo hablar, me cuenta de los entrenos y está muy contenta. Ferrol es un acierto de lleno, tanto por su filosofía: “Humildad y Trabajo”, como por la manera de trabajar de Lino y porque crecerá como jugadora, además de lo arropada que siempre se está en la ciudad con la tremenda afición que tienen.
A. E. : Allí tiene a Lino López de entrenador, que es alguien que conoces bien. ¿Qué aprendizaje te llevaste de él?
N. R. : Lino fue quién me dio la oportunidad con 18 años de salir de Gran Canaria e ir a Ferrol a completar la plantilla que tenía ese año (Maria Araujo, Bea Sanchez, Marina, Rachel, Alexis Prince…) además fue en el último momento porque no pude irme a USA y me vi en agosto sin sitio a donde ir. Así que llamé a Lino explicando la situación y me ayudó en todo momento para que me incorporara con ellos. Un dato curioso fue que había mandado mi matrícula a Ferrol para estudiar podología y me habían aceptado. Así que salió todo bien y pude empezar de la mano de Uni Ferrol, mi carrera de jugadora a la vez que la podológica.
A. E. : Por cierto este verano jugaste el 3×3 con ella. ¿Cómo fue esa experiencia?
N. R. : El año pasado pudimos debutar juntas en La Jaula en Gran Canaria, pero este año ya ha sido más serio tanto con el Herbalife como el Women Series. Titans nos ha dado esa oportunidad. Jugar con Elena es fácil porque tiene una visión de juego brutal y tiene buen movimiento de pies bajo el aro usando su altura. Pero esa confianza también hace que podamos decirnos las cosas sin filtros. Yo, por mi carácter, a veces soy más dura de lo que debería, especialmente con ella por ser la hermana pequeña y tengo que decir que ella tiene una paciencia conmigo que hace que esta relación funcione. Ella sabe que la quiero muchísimo y ojalá seguir compartiendo experiencias siempre.
A. E. : Has estado también años en el circuito 3×3. ¿Te gusta más el 3×3 o el 5×5?
N. R. : Creo que es muy difícil elegir, porque son muy diferentes a pesar de ser baloncesto. El 3×3 hace que no te centres en el error, que continúes con la cabeza fría siempre. Además, a nivel físico es muy exigente. El 5×5 es más “tranquilo”, jugadas más largas, más tiempo donde puedes pensar las cosas. Para mi, en este último año te diría que he disfrutado mucho más jugando al 3×3, sobre todo el circuito catalán con Ainhoa, Roters y Elena, donde nos clasificamos para el Women Series.
A. E. : Y ahora que estás en Nueva Zelanda… ¿Veremos a Natalia en un futuro con el baloncesto de nuevo por España?
N. R. : Ahora mismo estoy centrada en disfrutar al máximo esta experiencia en Nueva Zelanda. Es ese “año sabático” que llevaba tiempo rondándome la cabeza y que nunca me había atrevido a hacer: salir por primera vez de España, vivir algo completamente distinto y hacerlo sin que el baloncesto marque el ritmo de todo. Necesitaba parar, tomar distancia y escucharme un poco más. El baloncesto siempre ha sido —y sigue siendo— una parte muy importante de mi vida, así que no descarto nada de cara al futuro, pero ahora mismo prefiero vivir el presente, aprender de esta etapa y ver hacia dónde me lleva. Ya se verá si el camino vuelve a pasar con el balón de baloncesto en mis manos…