Nona Roset posiblemente no sea conocida para el gran público, pero está relacionada con el mundo del baloncesto y viviendo la aventura americana desde un punto diferente al que muchos estamos acostumbrados.
La catalana es bailarina del equipo de la G-League vinculado a los Brooklyn Nets, llamado Long Island Nets y hemos querido contactar con ella para que nos contara como va esta aventura y como ha llegado hasta ahí.
Juan Antonio Rodríguez – Hola Mariona, para quien no te conozca… ¿quién es Mariona Roset?
Nona Roset (NR) – ¿Quién soy? Es una pregunta que también me hago a menudo. Para empezar, hola, soy Mariona, aunque mucha gente me conoce como Nona. Soy de Igualada, una ciudad cerca de Barcelona.
Desde pequeña me ha apasionado el baile y el mundo del espectáculo, aunque durante un tiempo intenté llevar mi vida por otros caminos, sin demasiado éxito. Después de la pandemia y de muchos cambios personales, decidí escucharme más, dejarlo todo y apostar por mi sueño de convertirme en bailarina profesional en Estados Unidos. Y hasta hoy, aquí sigo.
Así que, para responder a la pregunta, diría que Mariona Roset es una persona energética, curiosa ymuy trabajadora, siempre dispuesta a vivir nuevas experiencias y con muchas ganas de seguir aprendiendo y evolucionando.
JA – ¿Cómo te inicias en el mundo del baile? ¿Ha habido algún deporte que también te haya marcado?
NR – Empecé a bailar porque mi mejor amiga de la infancia hacía ballet. Puede sonar típico, pero me enamoré desde el primer día. Empecé con ballet clásico y recuerdo especialmente cuando fui a ver el musical de Grease, porque fue lo que me inspiró a empezar también con jazz y a interesarme más por el mundo del espectáculo.
Al mismo tiempo, descubrí otra gran pasión: el baloncesto. Empecé a jugar en el equipo de mi ciudad, Igualada, y durante una etapa incluso destacaba más en baloncesto que en danza. Le dedicaba muchísimas horas porque realmente veía potencial en ello. El baile y el baloncesto han sido siempre mis dos grandes amores, aunque llegó un momento en el que tuve que decidir a qué quería dedicarme al cien por cien.

JA – Ahora estás en Nueva York. ¿Cómo surge esta oportunidad y qué te hizo dar el salto?
NR – Después de la pandemia me gradué en Publicidad y Relaciones Públicas, pero sentía un gran vacío porque sabía que ese no era realmente el camino que quería seguir. Siempre he sentido una gran admiración por Estados Unidos y, especialmente, por Nueva York, que para mí representa la “meca” de la danza. Sentí que era ahora o nunca.
En un momento de mucha incertidumbre, decidí audicionar para un programa profesional en Broadway Dance Center. Me prometí a mí misma que, si me aceptaban, sería la señal que necesitaba para apostar de verdad por este sueño. Y me aceptaron. Ahí empezó todo.
JA – ¿Y esa unión entre baile y baloncesto era algo que soñabas?
NR – Siempre recordaré cuando mis padres me dijeron que tenía que elegir entre el baloncesto y el baile porque estaba dedicando demasiadas horas a ambos. Fue mi primer gran “heartbreak”. No entendía cómo podía escoger entre mis dos pasiones.
Finalmente elegí el baile, pero en ese momento jamás habría imaginado que años después acabaría uniendo los dos mundos de forma profesional.
JA – ¿Cómo ha sido el proceso hasta llegar a formar parte de Long Island Nets?
NR – El proceso empieza mucho antes de las audiciones. Este tipo de equipos requieren un nivel de preparación muy alto, así que tienes que entrenar constantemente disciplinas como jazz, hip hop, heels o incluso acrobacia. Es un entorno muy exigente y muy completo.
Mi pasión por unir deporte y espectáculo empezó en España, donde formé parte durante años de Dream Cheers, dirigido por Eva Martínez, un equipo pionero en entertainment deportivo que ha trabajado con el Barça, la selección española de baloncesto y muchas otras organizaciones. Esa experiencia me dio una base increíble que más tarde he podido aplicar en Estados Unidos. Long Island Nets forman parte de la organización de Brooklyn Nets. Las BrooklynNettes Dancers son uno de los dance teams más reconocidos del país, tanto por su nivel artístico como por la visibilidad que tiene al estar en Nueva York. Ser “working dancer” en esta ciudad es el sueño de muchas bailarinas, ya que te permite trabajar profesionalmente mientras sigues formándote y creando conexiones en NYC.
Yo audicioné junto a más de 400 personas para las Brooklyn Nets Dancers y conseguí llegar hasta semifinales. Allí pude conocer a las directoras y entrenadoras del equipo y pude mostrarles mi pasión y agradecimiento por haber llegado hasta esa fase.
Ellas mismas me animaron a presentarme también para Long Island Nets, un equipo que en ese momento conocía menos, pero que forma parte de la misma organización. Decidí intentarlo y, después de un día muy intenso de audiciones, fui seleccionada para formar parte de la temporada 2025-2026.
JA – ¿Qué destacarías del entorno NBA y del trato que reciben las Long Island Nets Dancers?
NR – Desde mi experiencia personal, destacaría la gran valoración que existe en Estados Unidos hacia el baile y el espectáculo dentro del deporte. Es algo que ya se ve desde las universidades, donde no solo se valora a los jugadores, sino también a bailarinas, cheerleaders y equipos de entretenimiento. Todo forma parte de la experiencia del evento.
En la NBA y en la G League sucede exactamente lo mismo. Aunque el público venga principalmente a ver el partido, existe un respeto y una aceptación muy grandes hacia nuestro trabajo. Realmente sentimos que formamos parte del espectáculo. Y eso no solo se nota a nivel emocional, sino también económico. El entertainment team es considerado una pieza importante dentro de la organización y eso se refleja en el trato, las oportunidades y la manera en la que se valora nuestro trabajo.
JA – ¿Qué diferencia hay entre unas cheerleaders y un dance team?
NR – La principal diferencia está en el estilo y el enfoque artístico. Las cheerleaders tradicionalmente están más enfocadas en la animación del público, incorporando elementos como acrobacias, stunts o pom-poms. En cambio, un dance team está más centrado en la parte coreográfica y artística, trabajando estilos como jazz, hip hop, heels o contemporáneo.
Aun así, hoy en día muchas veces el término “cheerleader” se utiliza de forma general para referirse a cualquier equipo de entretenimiento dentro del deporte profesional.
JA – ¿Qué es lo que más te ha sorprendido desde que formas parte de esta comunidad?
NR – Lo que más me ha sorprendido ha sido sentirme tan valorada, tanto a nivel emocional como profesional y económico. Por desgracia, es algo a lo que no estaba acostumbrada. Aunque los bailarines y artistas trabajamos muchísimo para crear algo extraordinario, muchas veces ese esfuerzo no se reconoce de la misma manera.
Aquí realmente sientes que tu trabajo importa y que formas parte de algo más grande. Al final somos artistas, pero también atletas, y me gusta ver que toda esa dedicación se respeta y se valora. También destacaría el orgullo de representar a una organización vinculada a la NBA y poder formar parte de un entorno tan competitivo y aspiracional.
JA – Para quienes no conocen este mundo, ¿Cómo se prepara un show y cuánto tiempo se necesita?
NR – En nuestro caso, todo empieza en verano con las audiciones. A partir de septiembre empezamos a trabajar como equipo y a crear las coreografías de la temporada. Entrenamos un mínimo de dos días por semana durante varias horas y vamos preparando las piezas que luego se presentan durante los partidos. Una de las ventajas de estar en Nueva York es que muchos coreógrafos reconocidos trabajan con nosotras, lo que también nos permite aprender constantemente y crear conexiones dentro de la industria.
Antes de empezar la temporada intentamos tener preparadas entre cinco y seis coreografías, aunque durante el año seguimos creando nuevas porque normalmente no repetimos piezas. En la G League hay alrededor de 21 partidos en casa y solemos actuar varias veces durante cada partido: al inicio, en tiempos muertos o entre cuartos. En total trabajamos unas 15 coreografías diferentes.
Lo que más me gusta es que somos un equipo pequeño, de unas 12 bailarinas, y las posiciones y coreografías cambian constantemente. Eso hace el trabajo sea muy dinámico. Además, trabajamos estilos muy diferentes, desde jazz hasta hip hop o contemporáneo, lo que hace que evolucionemos continuamente como bailarinas.
JA – Para acabar nos gustaría saber, de cara al futuro, ¿qué objetivos tienes?
NR – Mi objetivo es seguir creciendo dentro del mundo de la danza y consolidarme como bailarina profesional, especialmente dentro del entretenimiento deportivo. Ahora mismo estoy en Estados Unidos con una visa O-1, que me permite trabajar profesionalmente como bailarina, y para mí eso ya representa un paso muy importante. Nueva York me encanta y me siento muy feliz aquí, aunque también hay otros equipos que me inspiran muchísimo, como Miami Heat.
Intento no pensar demasiado en el futuro. Prefiero centrarme en el día a día, dar lo mejor de mí y seguir aprendiendo, confiando en que las cosas se irán colocando como tienen que ser. Lo que sí tengo claro es que quiero seguir en un entorno donde el baile y el deporte formen parte de mi vida.