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Carlik Jones y Pajola rescatan al Partizan en un derbi de infarto

Foto: Srdjan Stevanovic/Starsport.rs

Belgrado respiraba un ambiente especial este jueves. Mientras el movimiento estudiantil reunía a una multitud en las inmediaciones de la plaza Slavija, en una jornada de movilización previa a las elecciones parlamentarias del 25 de octubre, la ciudad se preparaba para otra de sus grandes citas: el derbi eterno entre el Partizan y la Estrella Roja. Parte de los asistentes se dirigió a pie hacia el Belgrade Arena, donde el baloncesto y la rivalidad volvieron a ocupar el centro de la escena.

La cita no defraudó. Ni por el ambiente ni por lo que sucedió sobre la pista. El Partizan dominó durante buena parte del encuentro y llegó a disponer de una ventaja de 18 puntos, pero estuvo cerca de echar por tierra su mejor actuación de la temporada. La Estrella Roja reaccionó, forzó la prórroga y obligó a los locales a resolver un partido que parecían tener bajo control. Finalmente, un triple de Alessandro Pajola decidió el derbi: 85-82 para los de Joan Peñarroya.

Un Partizan reconocible desde el primer cuarto

Después de tres derrotas consecutivas en Euroliga, el Partizan necesitaba algo más que una victoria. Necesitaba recuperar sensaciones, encontrar fluidez en ataque y demostrar que podía competir desde la intensidad defensiva. Durante tres cuartos, lo consiguió.

Carlik Jones asumió el liderazgo desde el inicio. El base encontró ventajas, atacó con decisión y marcó el ritmo de un equipo que, esta vez, no dependió exclusivamente de su talento individual. El movimiento de balón permitió generar mejores situaciones de tiro, mientras la actividad defensiva y el empuje de la grada alimentaban la confianza de los locales.

La superioridad también se hizo evidente cerca del aro. Kevarrius Hayes dominó el rebote, castigó los desajustes defensivos y aprovechó su ventaja física para convertirse en otro de los problemas de la defensa visitante. Lamar Stevens, por su parte, aportó en ambos lados de la pista y completó un primer tiempo muy sólido.

La Estrella Roja no encontraba continuidad. Sus ataques eran más forzados, le costaba controlar el rebote y no lograba frenar la iniciativa de Carlik Jones. Chris Jones mantuvo a los visitantes conectados gracias a su talento individual, pero el equipo de Belgrado no encontraba respuestas colectivas suficientes para cambiar la dinámica.

El Partizan se marchó al descanso con un claro 52-38. La diferencia reflejaba lo sucedido durante los primeros veinte minutos: los locales habían impuesto su ritmo, encontrado más soluciones en ataque y mostrado una energía que no se había visto en sus últimos encuentros.

La reacción visitante cambia el derbi

La segunda mitad comenzó con el mismo guion. El Partizan siguió controlando el encuentro y amplió su ventaja hasta alcanzar los 18 puntos. Sin embargo, poco a poco empezó a aparecer un problema que terminaría condicionándolo todo: la producción ofensiva de ambos equipos se resintió y el partido perdió fluidez.

El parcial del tercer cuarto, 13-12, reflejó esa caída anotadora. La defensa ganó protagonismo, pero el Partizan todavía conservaba el control y parecía tener margen suficiente para gestionar el desenlace.

Todo cambió en el último periodo.

Mientras el ataque local se atascaba, la Estrella Roja encontró en Jordan Nwora una referencia capaz de generar ventajas por sí misma. Su calidad física y técnica puso en dificultades a Lamar Stevens, que no logró contenerlo, y devolvió la confianza a un equipo que hasta entonces había pasado demasiados minutos a remolque.

La aportación de Nwora, el trabajo de Semi Ojeleye y la capacidad de los visitantes para competir por el rebote terminaron de cambiar la dinámica. La Estrella Roja empezó a recortar diferencias y el Partizan, en lugar de encontrar una respuesta, se fue haciendo cada vez más pequeño.

Los locales dejaron de atacar con la claridad del primer tiempo, perdieron iniciativa y empezaron a sufrir para cerrar cada posesión. El desenlace del tiempo reglamentario resumió esa transformación: el Partizan falló sus cuatro últimos tiros libres y permitió que los visitantes llegaran con opciones de forzar la prórroga. La Estrella Roja firmó un parcial de 25-10 en el cuarto periodo y llevó el encuentro hasta el tiempo extra después de igualar el marcador a 75.

Pajola decide cuando más quema el balón

La prórroga prolongó la tendencia del último cuarto. La Estrella Roja tomó la iniciativa y se colocó cuatro puntos por delante, con Chris Jones liderando el ataque. El Partizan parecía haber perdido definitivamente el control de un encuentro que había dominado durante treinta minutos.

Pero Carlik Jones todavía tenía una respuesta. Cinco puntos consecutivos devolvieron la igualdad al marcador y ofrecieron a los locales una nueva oportunidad para decidir el partido.

Con la posesión decisiva, la Estrella Roja no permitió que Carlik Jones asumiera el lanzamiento. La defensa cerró sus opciones y obligó al base a encontrar una salida hacia Arijan Lakić, que conectó con Alessandro Pajola. El italiano no dudó: se levantó desde el perímetro y anotó el triple que colocó el 85-82 definitivo.

El lanzamiento tuvo un valor añadido. Pajola llegaba de fallar dos tiros libres al final del tiempo reglamentario, pero no dejó que ese episodio condicionara su decisión en el momento decisivo. Sangre fría para resolver un derbi que parecía escaparse.

La victoria fue merecida por lo que el Partizan construyó durante buena parte del encuentro, aunque el sufrimiento final dejó una lectura menos cómoda. El equipo de Peñarroya encontró intensidad, circulación de balón y recursos ofensivos que había echado en falta en las últimas jornadas. Sin embargo, su incapacidad para mantener ese nivel cuando el partido entró en su fase decisiva estuvo a punto de costarle el triunfo.

El Partizan se queda con la victoria en el derbi eterno y rompe su mala dinámica europea. Pero el 85-82 también deja una advertencia: dominar durante treinta minutos no basta si el equipo pierde la confianza y las soluciones cuando llega la hora de cerrar el partido.

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