La nueva Euroliga arrancó en Belgrado con una de esas noches que recuerdan por qué jugar en la capital serbia es diferente. La Belgrade Arena presentó un aspecto espectacular para recibir el debut europeo de un Partizan profundamente renovado. Enfrente, un Armani Milano que también estrenaba proyecto y que llegaba a la primera jornada después de conquistar la Supercopa italiana.
El contexto estaba servido. Faltaba comprobar qué equipo sería capaz de imponer su identidad.
Y durante buena parte de la noche, ese equipo fue Partizan.
Desde el salto inicial, los locales jugaron con una marcha más. El ambiente de la Arena empujaba y Carlik Jones se encargó de traducir esa energía sobre la pista. El base sursudanés asumió rápidamente el protagonismo ofensivo, generando ventajas desde el uno contra uno y obligando a la defensa italiana a tomar decisiones constantemente. Cuando encontraba la ayuda, la respuesta llegaba en forma de pase hacia unos compañeros que se movían bien sin balón.
Milano, sin embargo, encontró respuestas en Alec Peters, una de las principales referencias ofensivas de los de Peppe Poeta. La igualdad se mantuvo durante buena parte del primer cuarto, hasta que la defensa de Alessandro Pajola comenzó a marcar diferencias. Su intensidad atrás se trasladó también al ataque, mientras la entrada de Luca Vildoza aportaba otra velocidad a la circulación del balón.
El conjunto italiano se mantenía dentro del partido pero Nikola Tanasković y Tonye Jekiri imponían presencia física cerca del aro y la tendencia volvía a cambiar.
Partizan tenía más ritmo.
Y cuando el equipo de Joan Peñarroya consiguió trasladar esa intensidad defensiva a su ataque, llegó la primera gran diferencia de la noche. Varios aciertos exteriores al comienzo del segundo cuarto permitieron a los serbios abrir una brecha de once puntos.
Milano respondió a través de Darius Thompson, Alec Peters y Marko Gudurić. Los italianos consiguieron reducir la distancia y aprovecharon algunos problemas de Partizan con las pérdidas, consecuencia en determinados momentos de una intensidad ofensiva que rozaba la precipitación.
La tensión también llegó a los banquillos. Peñarroya recibió una técnica antes del descanso, aunque su equipo logró mantener el control del encuentro y llegó al intermedio con seis puntos de ventaja.
42-36.
El tercer cuarto cambió el escenario.
Milano elevó su intensidad defensiva y encontró en Gudurić a su principal generador. El serbio leyó muy bien las situaciones ofensivas, castigando cada espacio que encontraba y llevando el partido de nuevo a una diferencia mínima.
Partizan sufría.
Las penetraciones de Carlik Jones seguían generando ventajas, pero durante algunos minutos parecían insuficientes para contener el impulso de los visitantes. El partido entraba en una fase de máxima igualdad y los locales necesitaban recuperar el control.
La entrada de Vildoza volvió a activar la circulación ofensiva de Partizan y, poco a poco, los serbios recuperaron aquello que había marcado su mejor versión durante la primera mitad: defensa, rebote y velocidad para correr.
El último cuarto terminó de decidirlo todo.
Y ahí volvió a aparecer Carlik Jones.
El líder ofensivo de Partizan tomó definitivamente el control del partido, manejando los tiempos, atacando los espacios y encontrando constantemente a sus compañeros. Su actuación terminó con 20 puntos y 10 asistencias, un doble-doble que resume perfectamente su importancia en este nuevo proyecto.
Pero la victoria no se explica únicamente desde el talento de su base.
En defensa, Alessandro Pajola y Arijan Lakić fueron especialmente importantes en la presión sobre los exteriores de Milano, mientras Kyle Allman Jr. Kevarrius Hayes y Lamar Stevens aportaban físico y energía en ambos lados de la pista.
Partizan volvió a abrir una diferencia de once puntos y esta vez Milano ya no encontró respuesta.
La intensidad de los locales terminó por imponerse. Cada posesión parecía exigir un esfuerzo adicional a los italianos, que fueron perdiendo claridad ofensiva a medida que avanzaba el último cuarto. Partizan, en cambio, continuó jugando con energía hasta el final.
El resultado, 92-76, refleja una diferencia de dieciséis puntos que se construyó principalmente durante los últimos diez minutos.
Pero quizá lo más interesante de este estreno europeo no esté únicamente en el marcador.
Este Partizan parece tener una identidad diferente.
Un equipo profundamente renovado respecto al de la temporada pasada, con menos dependencia de grandes referencias individuales y con roles aparentemente más definidos. Un grupo construido alrededor de la capacidad de generar juego de Carlik Jones, pero también de la defensa, el físico, el rebote y la energía colectiva.
La temporada acaba de comenzar y todavía queda mucho camino por recorrer. Pero si algo dejó claro esta primera noche de Euroliga en Belgrado es que el nuevo Partizan de Joan Peñarroya quiere que sus partidos se jueguen a su ritmo.
Con intensidad.
Con energía.
Y, sobre todo, como un equipo.
Partizan empieza la Euroliga con una victoria contundente ante Milano. Y la Beogradska Arena vuelve a tener motivos para creer.

