
Tras el parón por las copas nacionales, la Euroliga regresaba con una prueba mayúscula para el Partizan Belgrade: visitar al líder en su casa, el Fenerbahçe Beko. Los turcos, campeones en su país, recibían a un equipo serbio que llegaba herido tras caer en la Copa ante Mega, pero que venía mostrando claros síntomas de mejoría desde aquella victoria ante Hapoel en Múnich.
El reto era enorme, pero los hombres de Joan Peñarroya demostraron desde el salto inicial que no viajaban a Estambul como víctimas. Serios en la defensa del balón, agresivos en las líneas de pase y veloces en transición, los serbios marcaron las primeras diferencias con un gran Nick Calathes dirigiendo con criterio y pausa. El equipo de Šarūnas Jasikevičius reaccionó pronto y logró darle la vuelta al marcador mediado el primer cuarto, pero el Partizan supo castigar el juego interior turco con un dominante Bruno Fernando, cada vez más protagonista. El primer asalto se cerró con igualdad máxima (20-20).
El segundo cuarto trajo una noticia esperada: el regreso de Carlik Jones. Y “Lik” cambió el ritmo del partido. Su electricidad ofensiva —17 puntos y 22 de valoración en menos de 20 minutos— dio al Partizan una nueva dimensión. Junto a Fernando y un incisivo Duane Washington Jr., los serbios ganaron dinamismo y confianza. La consecuencia fue clara: mejor defensa y un Fenerbahçe limitado a solo 14 puntos en todo el segundo periodo. El Partizan no solo competía; empezaba a creer.
Tras el descanso, el líder mostró por qué ocupa esa posición. Elevó la intensidad defensiva, subió el ritmo y comenzó a generar más tiros liberados. Wade Baldwin IV y Tarık Biberović castigaron los desajustes serbios. Aun así, el Partizan nunca se descompuso y logró llegar al último cuarto con solo un punto de desventaja. Partido completamente abierto.
El tramo final fue un ejercicio de madurez competitiva por parte del Fenerbahçe. Sin necesidad de brillar, sin alardes ofensivos, pero con una claridad absoluta en las decisiones. Talen Horton-Tucker fue el factor diferencial (29 puntos, +13 con él en pista), sosteniendo a los suyos en cada intento de escapada. Cada vez que los turcos amagaban con romper el partido, el Partizan respondía. Pero en los pequeños detalles —rebote ofensivo, control de pérdidas y gestión de las últimas posesiones— el líder fue superior.
El 81-78 final deja una doble lectura. Para el Fenerbahçe, una victoria más que confirma su solidez estructural: equipo con ideas claras, capaz de ganar incluso sin desplegar su mejor versión. Para el Partizan, una derrota que duele, pero que refuerza la sensación de crecimiento. Este equipo ya no es una banda. Compite, tiene identidad y carácter, aunque la clasificación —penúltimo— aún no refleje esa evolución.




