Regreso al Beogradska Arena tras varias jornadas lejos de casa y golpe sobre la mesa del Partizan, que pasó por encima del Panathinaikos en un partido cargado de simbolismo. En la primera vuelta, los verdes ridiculizaron a los hombres de Željko Obradović en Atenas, en lo que acabaría siendo el último partido del legendario técnico al frente del conjunto serbio. Pocos habrían apostado entonces por una respuesta como la vivida anoche en Belgrado, pero el baloncesto, a veces, también concede segundas oportunidades.

La afición grobari volvió a estar a la altura de su leyenda, creando un ambiente ensordecedor que empujó desde el primer minuto a los hombres de Joan Peñarroya. Intensidad, contacto y energía en ambos lados de la pista marcaron el inicio del encuentro. Aun así, el Panathinaikos, pese a la ausencia de Kendrick Nunn, supo resistir el primer arreón local y cerró el primer cuarto con un ajustado 20-19.

El segundo cuarto fue el primer gran punto de inflexión. El Partizan elevó el ritmo, encontró continuidad ofensiva y, sobre todo, mostró una solidez defensiva que había sido esquiva durante buena parte de la temporada. El dominio del rebote, las pérdidas forzadas y el buen trabajo interior de Bruno Fernando, unido a la consistencia de Dylan Osetkowski, permitieron a los serbios imponer su ley. Cameron Payne, inspirado y agresivo, castigó a la defensa griega para llevar el marcador al descanso hasta un contundente 45-33.

Tras el paso por vestuarios llegó el mejor tramo del Partizan desde la llegada del técnico de Terrassa. Los locales firmaron diez minutos sobresalientes en defensa, dejando completamente secos a los hombres de Ergin Ataman, incapaces de anotar más de nueve puntos en todo el tercer cuarto. La aportación de Isaac Bonga fue absolutamente determinante: intensidad, lectura del juego y liderazgo silencioso para ser elegido MVP del partido con 16 puntos, 6 rebotes y 24 de valoración. El marcador reflejaba el dominio total: 66-42 al inicio del último cuarto.

El Panathinaikos trató de reaccionar aumentando la agresividad defensiva y acelerando el juego, pero solo logró maquillar el resultado. Los errores en tiros liberados y la evidente frustración fueron una constante en un equipo sin respuestas colectivas. Tan solo T.J. Shorts, con 21 puntos, estuvo a la altura de la exigencia.

A la actuación estelar de Bonga y Payne se sumaron los 16 puntos de Sterling Brown y la dirección serena de Nick Calathes, que supo gestionar los tiempos para cerrar una victoria rotunda, de las que construyen confianza y refuerzan la identidad. Un triunfo que llena de moral al Partizan de cara a la próxima jornada, también en casa, frente al Real Madrid.

En el lado opuesto, un Panathinaikos al que no parecen surtir efecto ni la presión de Ataman ni los mensajes desde los despachos de Giannakopoulos. Mucho deberán mejorar si no quieren depender exclusivamente de sus individualidades. El próximo reto será mayúsculo: el todopoderoso Fenerbahçe. Con la Final Four en Atenas, una ausencia sería una decepción difícil de digerir.