El Hapoel Tel Aviv confirmó su condición de líder y mejor equipo de la Euroliga al imponerse con autoridad (97-84) a un Partizan que, pese a competir durante muchos minutos, acabó desbordado por la solidez y el ritmo del conjunto israelí. El duelo entre Zeljko Obradovic y Dimitris Itoudis, maestro y discípulo, se resolvió esta vez a favor del técnico griego, en un partido tácticamente muy exigente.

El ambiente en Sofía fue espectacular, con una grada teñida de negro por los muchos aficionados serbios desplazados. Desde el inicio, el Hapoel tomó la iniciativa con un juego rápido y eficaz, pero Partizan respondió con entereza, circulando bien el balón y encontrando puntos interiores de la mano de un inspirado Dylan Osetkowski. Incluso llegó a ponerse por delante (16-17) gracias a su intensidad defensiva y al dominio en el rebote.

La entrada de Bruno Fernando, recién aterrizado en Belgrado, fue una de las notas más destacadas del primer cuarto. Obradovic sorprendió colocando a Tyrique Jones como cuatro, compartiendo pintura con el angoleño. La apuesta funcionó, dando aire al equipo y ofreciendo nuevas variantes ofensivas. Con esa pareja interior, Partizan firmó sus mejores minutos del partido: Jones espectacular en defensa, Bruno castigando dentro y un equipo compacto en ambas fases del juego.

Sin embargo, la rotación rompió la dinámica positiva. Con los descansos de Jones y Fernando, Hapoel castigó sin piedad la pintura serbia. Dan Oturu (21 de valoración) se adueñó del partido con potencia física, y la dirección de Micic y Bryant devolvió la ventaja a los israelíes. Aun así, Partizan mantuvo el pulso hasta el descanso gracias al acierto exterior de Duane Washington (13 puntos al descanso) y la entrega de Tyrique Jones, que acabaría con 14 puntos y 10 rebotes, firmando un gran doble-doble. El marcador (43-42) reflejaba la igualdad y la intensidad del encuentro.

La segunda mitad cambió el guión. Hapoel elevó el nivel defensivo y castigó cada error del rival. Malcolm y Blakeney abrieron la defensa desde el triple, mientras la presión sobre la subida del balón serbio empezaba a hacer daño. Partizan dependía demasiado de las individualidades de Washington y Sterling Brown (19 puntos, máximo anotador de los suyos), pero el juego colectivo se desmoronaba ante una defensa israelí cada vez más asfixiante. El tercer cuarto se cerró con un claro 27-21 a favor de los de Itoudis.

En el último periodo, Obradovic volvió a apostar por el dúo interior Jones–Fernando, buscando recuperar la solidez del segundo cuarto, pero el plan no funcionó. Bruno Fernando, aún sin ritmo, llegó tarde a las ayudas, y Hapoel castigó con una circulación de balón excelente y más de un 67% de acierto en tiros de dos. Los israelíes encontraban tiros cómodos una y otra vez, moviendo la bola con precisión quirúrgica y desarmando la defensa del Partizan.

El tramo final fue un ejercicio de madurez de los hombres de Itoudis. La entrada de un Chris Jones eléctrico, anotando y dividiendo, terminó por romper el encuentro. Partizan seguía anotando, pero sin encontrar soluciones reales en defensa. Hapoel, líder indiscutible, firmó una potente victoria (97-84), imponiendo su ritmo, su físico y su claridad táctica. Para el Partizan, la derrota deja lecciones importantes. Sin Carlik Jones, el equipo busca nuevas referencias ofensivas y todavía necesita tiempo para acoplar a sus refuerzos. El próximo viernes, el Barça visita el Belgrado Arena, y la gran incógnita será si Nick Calathes, flamante fichaje, debutará ante su público. Experiencia, control y jerarquía: justo lo que necesita Obradovic para devolver la calma a un proyecto que, pese a los altibajos, sigue teniendo algo especial.