
Nuevo partido de Euroliga en el Beogradska Arena entre dos clubes históricos del baloncesto europeo, Partizan y Virtus de Bolonia, en un duelo que terminó decantándose del lado italiano gracias a una mayor regularidad y claridad de ideas durante los 40 minutos.
El encuentro comenzó marcado por el desacierto ofensivo de ambos equipos y una evidente falta de fluidez en ataque. Las defensas se impusieron desde el salto inicial y el juego se sostuvo más en acciones individuales que en sistemas colectivos. Por parte local, Sterling Brown y Duane Washington asumían responsabilidades ofensivas, mientras que en la Virtus era Carsen Edwards quien mantenía a los suyos con vida gracias a su talento individual.
En el segundo cuarto, el Partizan mostró una versión algo más sólida. El control del rebote de Bruno Fernando y Bonga, junto a una mejor circulación de balón con Nick Calathes en la dirección, permitió a los serbios abrir una pequeña brecha en el marcador. Sin embargo, los italianos nunca se salieron del partido. Si Edwards había sido el referente en el primer cuarto, en el segundo emergió Morgan, capaz de aportar puntos y equilibrio a un equipo que, pese a verse hasta siete puntos abajo, mantuvo el nivel defensivo necesario para resistir. Esa constancia tuvo premio y la Virtus logró dar la vuelta al marcador antes del descanso (37-40).
El inicio del tercer cuarto fue un punto de inflexión. La Virtus salió muy concentrada en defensa, presionando al hombre con balón y cerrando líneas de pase ante un Partizan que no encontraba respuestas. Los italianos comenzaron a ampliar la ventaja mostrando solidez atrás y castigando en transición ofensiva. Solo Sterling Brown y algún destello puntual de Vanja Marinković evitaron que la diferencia se disparara hasta cifras cercanas a los veinte puntos.
Al comienzo del último cuarto, el Partizan intentó cambiar la dinámica apostando por el small ball, pero la Virtus supo controlar el rebote con su físico y gestionar posesiones largas, apoyándose en unos inspirados Edwards y Alston Jr. para enfriar cualquier intento de reacción local.
Mirko Ocokoljić no logró encontrar la tecla adecuada y se vio obligado a devolver a pista a Bruno Fernando, inexplicablemente desaparecido durante gran parte de la segunda mitad, pero ya era demasiado tarde. El Partizan terminó viéndose superado por una Virtus más regular, más ordenada en ataque y mejor trabajada en defensa, que supo imponer su plan de partido y llevarse una victoria merecida de Belgrado.
Una nueva derrota que vuelve a dejar al Partizan frente al espejo, evidenciando la necesidad de mayor consistencia colectiva en esta exigente Euroliga.




