Partizan sobrevivió a sí mismo. Tras rozar la autodestrucción en un último cuarto para olvidar, el equipo de Obradović consiguió una sufrida victoria frente al Mónaco de Vassilis Spanoulis (78-76), en un partido marcado por los altibajos emocionales y la angustia final en la Beogradska Arena.

Obradović sorprendió desde el inicio con Pokusevski en el quinteto inicial. El choque arrancó con igualdad, pero el Partizan logró imponer el ritmo gracias al jugador más inspirado ofensivamente del equipo en esta fase de la temporada: Duane Washington Jr., autor de 11 puntos solo en el primer cuarto. Mónaco reaccionó rápido y cerró el periodo con mínima ventaja (19–20).

En el segundo cuarto se mantuvo el intercambio de golpes. Partizan encontró energía desde su defensa y desde la actividad de Bruno Fernando y Bonga, y el empuje del Stark Arena permitió a los serbios llegar al descanso por delante (36–32).

El vendaval negro llegó tras el descanso.

Bonga abrió el tercer cuarto con un triple y, a partir de ahí, Partizan desató su mejor baloncesto del curso: defensa agresiva, circulación fluida y un liderazgo coral de Calathes, Brown y Washington. La aparición inesperada de Pokusevski, por fin relevante tras varios partidos desaparecido, añadió una dimensión nueva al ataque serbio. El Partizan volaba y el marcador llegó a reflejar un contundente +20 (74–54). El partido parecía sentenciado.

Pero este Partizan nunca cierra el trabajo antes de tiempo.

En el último cuarto el equipo se desmoronó: pérdidas, ataques precipitados y una desconexión total. El Mónaco, liderado por un Nikola Mirotic letal y por el eterno verdugo de Belgrado, Nemanja Nedović, castigó desde el perímetro. Washington, completamente solo, era incapaz de mantener el pulso ofensivo ante la presión defensiva monegasca. En cuestión de minutos, el Partizan encajó un inexplicable parcial de 0–22.

El Stark Arena no daba crédito.

Con el marcador empatado y el rival lanzado, apareció Pokusevski: triple salvador para resucitar a Partizan. Luego llegó Bruno Fernando, enorme en los segundos finales: dos tiros libres decisivos y un tapón monumental sobre Mirotic que sostuvo la victoria. Mónaco aún tuvo tres tiros para ganar —dos de Nedović y uno de Mike James— pero ninguno entró.

El guión del partido resumió a la perfección el ADN reciente del Partizan: explosión, caída al abismo… y con suerte, supervivencia.