
El Hapoel Tel Aviv se las prometía muy felices en el BMW Park de Múnich tras abrir brecha en el marcador de manera progresiva, evidenciando una vez más los problemas del Partizan de Joan Peñarroya, incapaz de encontrar soluciones, especialmente en defensa, pese a la constante rotación del banquillo.
_
Las ausencias de Jabari Parker y Duane Washington otorgaron muchos minutos a Cameron Payne, el más inspirado de los suyos en ataque, pero muy deficiente en la dirección de juego y, sobre todo, en defensa. Tampoco ayudó la aportación de Dylan Osetkowski, completamente superado por la efectividad de Johnathan Motley y el dominio interior del conjunto dirigido por Dimitris Itoudis. Todo ello permitió al Hapoel marcharse al descanso con una ventaja contundente de +21. Por parte partizana, solo Nick Calathes parecía mostrar un mínimo de orgullo y sentido común en la organización ofensiva.
El inicio del tercer cuarto fue aún más duro para los serbios, con el Hapoel alcanzando la máxima diferencia del partido (37-64). Sin embargo, a partir de ese momento comenzó una de las remontadas más espectaculares que se recuerdan en la historia reciente del Partizan.
La mejora ofensiva de Payne, el poder físico de Bruno Fernando bajo los tableros y la excelente dirección de Calathes fueron claves para que aparecieran los verdaderos líderes emocionales del equipo. El capitán Vanja Marinković encendió la mecha con tres triples consecutivos, Sterling Brown empezó a tomar mejores decisiones y, sobre todo, Mario Lakić aportó alma, energía y acierto desde el perímetro, contagiando el espíritu combativo de unos grobari que no dejaron de creer ni de animar pese a jugar en tierras alemanas.
El Partizan tuvo que sobreponerse, además, a un arbitraje muy discutible: primero, con la intención de señalar como ilegal un espectacular tapón de Bruno Fernando sobre Jones en el último segundo, y después con una rigurosa antideportiva señalada a Calathes que derivó en la expulsión de Joan Peñarroya tras doble técnica. A todo ello se sumó la nota más amarga de la noche: la grave lesión de Vanja Marinković, precisamente cuando estaba firmando sus mejores minutos de la temporada.
Una victoria épica, emocional y sufrida, vivida intensamente por todos los que estuvimos en Múnich, que devuelve algo de orgullo a un Partizan que parecía perdido… aunque el precio pagado haya sido demasiado alto.




