
El Coliseum de Burgos se preparaba para vivir una de esas tardes que quedarán para el recuerdo. Era el 30 de diciembre de 2025, el último partido del año, y el ambiente fuera del pabellón era tan intenso como un derbi. Las calles aledañas se llenaban de chaquetas gruesas, bufandas azulonas y conversaciones emocionadas sobre la posibilidad de una victoria que no solo sumara, sino que además devolviera la esperanza perdida tras jornadas amargas. El Recoletas Salud San Pablo Burgos, tras una larga trayectoria de partidos sin victoria que había puesto a prueba la paciencia y el ánimo de su gente (11 para ser exacto), se enfrentaba al Dreamland Gran Canaria con la imperiosa necesidad de romper la mala racha y despedir el año con una victoria que devolviera sentido, emoción y fe a su afición.

Desde antes de que sonara el salto inicial, el Coliseum vibraba con la algarabía de más de 9.000 espectadores que no paraban de cantar y aplaudir, tratando de insuflar energía a los suyos. No era un ambiente habitual para un equipo que había sufrido demasiado, sino algo más profundo: era un clamor colectivo por un gesto de orgullo, por un triunfo que significara algo más que estadísticas en una tabla. El San Pablo Burgos salió al campo con ese mismo espíritu, con la determinación trazada en cada mirada, defendiéndose con intensidad y buscando el aro con decisión, como si cada posesión fuera una pequeña batalla ganada en una guerra mayor que había durado demasiado.

El primer cuarto fue un choque intenso, un intercambio de golpes con defensa rígida y ataques que eran aplaudidos como si fuesen goles decisivos. El equipo local empezó fuerte, liderado por Gonzalo Corbalán, que encendió al público con su energía y su determinación para atacar el aro. Un parcial inicial de 12-7 obligó a la defensa rival a ajustarse rápidamente, pero Gran Canaria mostró su oficio y respuesta inmediata mediante un parcial de 0-9 que volteó el marcador y obligó al técnico de Burgos a solicitar tiempo muerto para reorganizar a sus hombres. El primer cuarto terminó 20-20, un reflejo perfecto de la tensión y la igualdad que se veía en la pista.ç

En el segundo cuarto, el duelo no perdió un ápice de intensidad. Cada ataque se disputaba como una posesión decisiva y cada canasta era celebrada como un triunfo colectivo. Burgos mostró una defensa más compenetrada y una circulación de balón más fluida que le permitió mantenerse muy cerca en el marcador, aunque Gran Canaria seguía encontrando respuestas desde el perímetro y conduciendo el ritmo del partido. La grada, consciente de que estaba asistiendo a un encuentro clave, alentaba sin cesar, convirtiendo el Coliseum en un hervidero de apoyo constante. Al descanso, el luminoso reflejaba un 38-38 que dejaba abierta la historia del partido y avivaba el deseo de victoria.

El descanso no solo fue un espacio para ajustar tácticas: también fue un momento especial dentro del espectáculo. Durante el intermedio, la banda burgalesa La M.O.D.A. irrumpió en el parqué para presentar la tercera equipación del San Pablo Burgos, una camiseta inspirada en el estilo de la banda y diseñada bajo el lema “No te olvides de dónde vienes”, un claro homenaje al décimo aniversario del club. La camiseta, predominantemente blanca con líneas verticales grises y el logotipo de La M.O.D.A. en el centro del pecho junto a detalles con frases emblemáticas de sus canciones, fue recibida entre aplausos y vítores. El propio grupo musical, ataviado con su habitual camiseta blanca, ofreció una actuación sorpresa que elevó la emoción en el Coliseum a niveles estratosféricos, como si la banda y el equipo compartieran el mismo latido de ciudad, pasión y arraigo. Esa presentación no fue un mero acto promocional, sino una declaración de identidad: un recordatorio de que el club forma parte del alma de Burgos y de que la ciudad vibra con cada paso que da su equipo. La empatia entre público, música y baloncesto se sintió en cada rincón del pabellón, y el equipo regresó a la pista con esa misma emoción palpable.

El tercer cuarto comenzó con un intercambio de canastas que mantuvo a ambos equipos muy igualados, pero Burgos dio un paso al frente. Con un triple clave de Jón Axel Gudmundsson, y el juego sólido de Jermaine Samuels Jr. y Raúl Neto, el equipo consiguió una ligera ventaja que le permitió tomar algo de aire en un duelo que, hasta ese momento, había sido un constante tira y afloja. El esfuerzo defensivo colectivo empezó a marcar diferencias y las transiciones rápidas acabaron encontrando premio en el marcador. Poco a poco, esa renta fue creciendo hasta el 65-60 con el que concluyó el cuarto, dando la sensación de que el partido empezaba a tomar un rumbo favorable a los locales.

Entrando en el último cuarto, la tensión alcanzó su punto álgido. Gran Canaria no se rendía y seguía peleando cada balón como si fuera el último, obligando a Burgos a no bajar nunca el nivel de concentración. El público, por su parte, seguía animando sin descanso: cada rebote, cada recuperación y cada canasta eran celebrados con la misma intensidad, como si el Coliseum fuera un único organismo vivo que respiraba al ritmo del balón. En los momentos cruciales del último parcial, el conjunto burgalés mostró una mezcla de paciencia ofensiva y solidez defensiva que comenzó a inclinar la balanza de manera más firme. El juego colectivo, la valentía para ejecutar buenas decisiones y la confianza renovada se tradujeron en un estirón en el marcador: 78-69 a mitad del periodo final, un reflejo de que la victoria ya no parecía un espejismo, sino una posibilidad cada vez más real.

Gonzalo Corbalán siguió liderando con claridad la ofensiva, Jackson anotó con corazón y coraje, y cada acción interior de Almazán fue celebrada como si fuera una canasta decisiva. Cuando la ventaja llegó a 85-75 con apenas minuto y medio por jugar, el Coliseum estalló en una ovación ensordecedora. El público no solo celebraba puntos en el marcador, sino la culminación de semanas de esfuerzo, la recompensa a la persistencia y, sobre todo, la unión de una ciudad entera alrededor de un equipo que nunca dejó de pelear.

Finalmente, el pitido final llegó con un 94-81 que fue mucho más que una cifra en un marcador. Fue el símbolo de una victoria que cerró la temporada navideña con esperanza y dignidad, que rompió una racha de derrotas y que invitó a mirar al año siguiente con optimismo. La celebración en la pista y en las gradas fue un reflejo de que, más allá del resultado, Burgos había ganado algo intangible: confianza renovada, orgullo compartido y el calor reconfortante de sentirse parte de una historia más grande.

Esa noche el San Pablo Burgos no solo venció a un rival en la cancha; reafirmó su identidad, contagió ilusión a sus seguidores y escribió una de las páginas más emotivas del año para el baloncesto de la ciudad. Fue una victoria con aroma a rebeldía, a música, a celebración… y al eterno lema de no olvidar nunca de dónde vienes.

Ficha técnica
94 – Recoletas Salud San Pablo Burgos: Raul Neto (11), Gonzalo Corbalán (20), Leo Meindl (7), Jermaine Samuels Jr (12) y Luke Fischer (9) –cinco inicial– Ramiro Rodríguez (-), Jón Axel Gudmundsson (9), Juan Rubio (-), Pablo Almazán (2), Dani Díez (-), Ethan Happ (10), Jhivvan Jackson (14).
81 – Dreamland Gran Canaria: Andrew Albicy (5), Isaiah Wong (19), Nico Brussino (2), Louis Labeyrie (8) y Mike Tobey (7) –cinco inicial– Lucas Maniema (-), Eric Vila (-), Ziga Samar (8), Miquel Salvó (3), Pierre Pelos (8), Kur Kuath (15), Braian Angola (6).
Cuartos: 20-20; 18-18; 27-22; 29-21.
Árbitros: Emilio Pérez Pizarro, Juan de Dios Oyón y Cristóbal Sánchez Cutillas.
Incidencias: Partido correspondiente a la decimotercera jornada de Liga Endesa disputado en el Coliseum ante 9078 espectadores. Al descanso del encuentro, hubo una actuación de la banda burgalesa La M.O.D.A. para presentar la tercera equipación.





