Tarde que prometía en el Plantío y el estadio era de esos que se notaba en el ambiente, gracias en parte a un buen numero de aficionados zamoranos que rugía. No era un partido más. Era uno de esos duelos que se sienten en el estómago antes del salto inicial. Orgullo, necesidad, tensión clasificatoria y un pabellón volcado. Y el baloncesto respondió a la altura: 40 minutos de intercambio de golpes, parciales eléctricos y un desenlace decidido en el alambre.

Fotos BurgosConecta por Tomás Alonso

El Tizona salió como un ciclón. Intensidad defensiva, rebote ofensivo y una lluvia de triples que levantó a la grada desde el primer minuto. El 8-2 inicial fue un aviso. Jackson encontraba espacios, Terins encendía la mecha desde el perímetro y la circulación burgalesa desbordaba a un Zamora sorprendido por el ritmo.

El primer cuarto fue un espectáculo ofensivo. Seis triples locales, transiciones vertiginosas y un 29-23 que reflejaba el empuje azulón. El público creía. El equipo también.

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Pero los partidos grandes no se ganan solo con inspiración. Zamora ajustó. Subió líneas, cerró mejor el rebote y empezó a castigar cada contacto desde el tiro libre. La defensa visitante se hizo más incómoda, más física y mucho más inteligente.

Rogers asumió galones. Paukstè dominó en la pintura. Y el parcial cambió el pulso del partido. Lo que era una fiesta local se convirtió en una batalla táctica. El 17-28 del segundo cuarto dio la vuelta al marcador (46-51 al descanso) y sembró silencio en El Plantío.

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Lejos de rendirse, el Tizona volvió con orgullo. Jofresa acercó a los suyos (58-60) y el intercambio de canastas fue constante. Cada ataque tenía respuesta. Cada error se pagaba. Cada rebote era una guerra.

Zamora, sin embargo, no perdió la calma. Supo jugar con el reloj, seleccionar mejor el tiro y sostener una renta mínima que parecía siempre frágil pero nunca desaparecía. El tercer cuarto terminó 64-70. Seis puntos. Nada decidido. Todo por arder.

Y entonces llegó el último asalto. Terins volvió a golpear desde fuera. Zidek sumó cerca del aro. El 78-82 hizo temblar al banquillo visitante. El Plantío se levantó. El partido era un grito colectivo. Pero ahí apareció la diferencia entre la emoción y la eficacia.

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Peris tomó el control. Anotó, forzó faltas, castigó cada desajuste. Zamora encontró puntos en el momento exacto en que el Tizona más apretaba. Dos pérdidas locales en el momento más delicado abrieron una brecha dolorosa. El 72-82 fue un mazazo. Aun así, el Tizona no bajó la cabeza. Volvió a colocarse a tres (87-90). El pabellón rugía otra vez. Cada posesión era un mundo. Cada defensa, una final.

Y cuando todo estaba en el filo, Zamora fue más preciso. Mejor desde el tiro libre. Más sólido en el rebote. Más frío en la toma de decisiones. Los visitantes cerraron el partido con autoridad desde la línea y aprovecharon los últimos fallos locales para sellar el definitivo 93-101.

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Protagonistas de una noche inolvidable

Tizona (93):

  • Terins, 21 puntos de carácter y liderazgo.
  • Zidek, 16 puntos de constancia interior.
  • Jackson y Seoane, sosteniendo el pulso ofensivo.

Zamora (101):

  • Peris, 21 puntos y dueño del último cuarto.
  • Rogers, 19 puntos y temple en el cierre.
  • Martínez (18) y Paukstè (15), equilibrio y solidez.

Una derrota que duele por un lado y una victoria que quita cualquier nervio que pudiese haber

Fue un derbi de los que dignifican la categoría. De los que se recuerdan. El Tizona peleó, sufrió, pero que emocionó a su gente hasta el último suspiro. Zamora resistió, maduró el partido y golpeó cuando más dolía.

El marcador final refleja diez puntos de diferencia. La pista contó otra historia: la de un choque vibrante, cambiante y cargado de emoción hasta el último segundo.

En el fondo Baloncesto en estado puro. De esos que dejan sin voz… y con ganas de más, próximo partido emocionante Alimerka Oviedo.

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