El Bayern Múnich firmó una de esas remontadas que empiezan por el perímetro y terminan en el marcador. La víctima, un Baskonia que dominó durante tres cuartos con fluidez ofensiva y verticalidad, pero que se derrumbó en los diez minutos decisivos ante un Andreas Obst ingobernable y una defensa bávara mucho más física en el tramo final. El 96-89 evidencia tanto el poderío exterior alemán como la fragilidad defensiva gasteiztarra cuando el partido se vuelve de posesión corta y ejecución quirúrgica.

Durante treinta minutos, el plan visitante parecía funcionar. Baskonia encontró tiro exterior (Nowell, Diakité, Kurucs y Spagnolo aparecieron en distintos momentos), castigó a un Bayern lento en balance y, sobre todo, ganó el rebote ofensivo para sumar segundas oportunidades. Kurucs firmó una primera mitad muy completa a ambos lados del balón y el equipo de Galbiati llegó al descanso 38-46 con la sensación de haber ajustado su peor defecto del primer cuarto: las rotaciones defensivas.

El tercer cuarto abrió aún más el abanico ofensivo azulgrana. Omoruyi dominó el eje central, generó ventajas cerca del aro y añadió producción desde media distancia. Cuando Nowell anotó un triple lejano para colocar el +9 (60-69), el guion apuntaba a victoria de control. Pero la Euroliga rara vez permite cierres fáciles fuera de casa, y menos ante un equipo que vive y muere desde el triple.

El Bayern cambió el registro: posesiones más cortas, bloqueos más altos para generar separación y prioridad absoluta en encontrar el lanzamiento exterior. Obst y Jessup castigaron cualquier resbalón en las ayudas. A partir de ahí, todo fue dinámica: la de un ataque bávaro que fluía cada vez más y la de un Baskonia que perdió ritmo, tomó decisiones precipitadas en el pick and roll y dejó de anotar en transición.

El parcial final (36-20) fue una autopsia táctica. Obst terminó con 37 puntos y, sobre todo, convirtió el último cuarto en un ejercicio de spacing y lectura. Baskonia, sin Howard ni Luwawu-Cabarrot, careció de pólvora para responder y tampoco encontró soluciones defensivas: ni cambios más agresivos, ni negar mano dominante, ni forzar recepción más lejos del arco. La caída fue tan mental como táctica.

El 96-89 añade otra muesca a la racha negativa lejos del Buesa, con más de un año sin victorias a domicilio en la competición y un balance de 6-14 que complica el acceso al play-in. La explicación del resultado no está en un único nombre —aunque Obst ocupe titulares por derecho propio— sino en un duelo donde Baskonia dejó escapar un partido que tenía controlado en tres cuartos, y que el Bayern revirtió con una apuesta extrema por el triple y una subida de dureza que el conjunto gasteiztarra no supo igualar.