
Durante cinco días, Lloret de Mar volvió a convertirse en uno de los grandes centros de observación del baloncesto femenino europeo. El Spanish Event 2026, organizado por Elite Sports Academy, reunió a 180 jugadoras de las generaciones 2009, 2010 y 2011, en una edición que, además, fue la más internacional de su historia, con la presencia de jugadoras procedentes de España, Inglaterra, Francia, Suiza y Estados Unidos.
Pero reducir el Spanish Event a un campus de verano sería no entender su verdadera dimensión.
Mientras la mayoría de los campus centran su actividad principalmente en la mejora técnica de las jugadoras, el Spanish Event nace con un objetivo diferente: crear un entorno real de evaluación para el baloncesto universitario estadounidense. Durante una semana, entrenadores procedentes de distintos puntos de España dirigen entrenamientos, partidos y actividades alternativas diseñadas para que las participantes puedan mostrar su potencial en contextos muy diversos.
A través del trabajo en pista, la dirección de los encuentros y la convivencia diaria, estos técnicos buscan exponer a las jugadoras al escrutinio de entrenadores universitarios que han ampliado su búsqueda más allá de las fronteras estadounidenses para encontrar talento con el que reforzar sus programas.
El crecimiento del baloncesto femenino europeo ha provocado que cada vez más universidades de Estados Unidos incorporen jugadoras internacionales. Lloret de Mar se ha convertido en uno de esos puntos estratégicos en los que el talento europeo se encuentra directamente con quienes toman las decisiones dentro de los procesos de reclutamiento.
La edición de 2026 reunió a más de 35 universidades estadounidenses, representadas por entrenadores jefes, entrenadores asistentes y responsables de reclutamiento pertenecientes a programas NCAA de perfiles muy diferentes. Entre ellos figuraban algunas de las grandes potencias del baloncesto universitario femenino, como Stanford o Clemson, junto a universidades como Weber State, Portland o UNC Greensboro, programas de menor dimensión mediática que pueden convertirse en el destino ideal para muchas jugadoras españolas que buscan compatibilizar sus estudios con el baloncesto de alto nivel.
Existe una falsa percepción de que conseguir una beca para competir en la NCAA, ya sea en División I o División II, es un proceso relativamente sencillo y al alcance de casi cualquier jugadora. Nada más lejos de la realidad. Cada incorporación representa una importante inversión deportiva y económica para las universidades, por lo que el proceso de evaluación es cada vez más exhaustivo.

Precisamente por ello, la observación presencial continúa siendo una de las herramientas más valiosas dentro del reclutamiento universitario. Los vídeos de highlights permiten detectar determinadas cualidades técnicas, pero difícilmente muestran aspectos como la toma de decisiones, la capacidad competitiva, la comunicación con las compañeras, el lenguaje corporal, la personalidad o la respuesta ante el error y las situaciones de presión.
La observación directa permite a los entrenadores construir un contexto real sobre cada jugadora y no guiarse únicamente por una selección de sus mejores acciones. En muchas ocasiones, son precisamente esos pequeños detalles, alejados de las estadísticas o de las jugadas más espectaculares, los que terminan marcando la diferencia entre recibir o no una oportunidad.
La ubicación del Spanish Event dentro del calendario internacional también ha contribuido a convertirlo en una cita estratégica para numerosos programas universitarios. Situado entre el Campeonato de Europa U20 y el Mundial U17, el evento facilita la presencia de entrenadores estadounidenses que aprovechan sus desplazamientos por Europa para continuar evaluando talento fuera de los grandes campeonatos de selecciones.
El nivel mostrado por las jugadoras en Lloret de Mar y la oportunidad de observarlas durante varios días provocaron una nueva afluencia masiva de universidades, interesadas en detectar a aquellas jóvenes que mañana podrán tener la oportunidad de reforzar sus programas al otro lado del Atlántico.
El Spanish Event no se limita a organizar una sucesión de partidos. Su estructura busca generar distintos escenarios en los que las jugadoras puedan expresar facetas diferentes de su juego. La competición se distribuyó en tres torneos paralelos, uno por cada generación, permitiendo que las participantes compitieran ante rivales de edades similares y dentro de un contexto exigente.
La cuarta jornada introdujo una dinámica diferente con la celebración de un torneo de baloncesto 3×3. Esta modalidad olímpica permitió a los entrenadores observar a las jugadoras desde otra perspectiva, con más espacios, mayor protagonismo individual y una exigencia constante en la toma de decisiones.

En el 3×3 resulta más difícil esconderse dentro de una estructura colectiva. La capacidad para generar ventajas, defender en espacios amplios, resolver situaciones de uno contra uno y adaptarse rápidamente a un juego cambiante adquiere una importancia todavía mayor. Para los entrenadores universitarios, supuso una oportunidad adicional de evaluar perfiles que podían haber pasado más desapercibidos durante la competición tradicional.
Paralelamente, continuaron las sesiones de tecnificación junto a Lluís Biosca y las actividades formativas orientadas al desarrollo integral de las participantes. Entre ellas destacó una charla centrada en el coaching aplicado al alto rendimiento, así como la participación de Lara Arenós, jugadora de la selección española y del Bàsquet Girona en silla de ruedas, quien compartió una visión inspiradora sobre el deporte de élite, la adaptación y la superación personal.
El apartado formativo volvió a ser uno de los pilares del evento, con la participación de entrenadores como Dessi Anguelova, Lluís Biosca, José Carlos Ramos y Oriol Villà. Las sesiones abordaron aspectos fundamentales del baloncesto moderno, como la comunicación, la lectura del juego, la toma de decisiones y el rendimiento colectivo.
La quinta jornada concentró la máxima tensión competitiva con la disputa de las semifinales, los partidos por la clasificación y las finales de cada categoría. A ello se sumaron los concursos individuales de uno contra uno, triples y Two Ball, que ofrecieron nuevos espacios para que las jugadoras mostraran sus capacidades ante el público y los entrenadores presentes.
La experiencia se completó con un Media Day con fotografías profesionales, charlas formativas, dinámicas de grupo y espacios destinados a la convivencia y la recuperación. Actividades que reforzaron la idea de que el Spanish Event no es un campus convencional, sino una experiencia construida alrededor de la competición, la exposición internacional y el desarrollo deportivo y personal de las jugadoras.
La ceremonia de clausura puso el broche final con la entrega de premios a los equipos campeones, subcampeones y terceros clasificados, así como a las vencedoras de los diferentes concursos individuales. Sin embargo, el impacto real del evento no puede medirse únicamente a través de los resultados obtenidos durante esa semana.
En su sexta edición, el Spanish Event ha superado ya el centenar de jugadoras que, tras pasar en algún momento por las instalaciones de Lloret de Mar durante estos últimos seis años, han terminado incorporándose a universidades estadounidenses.
Ese dato representa la mejor prueba de la dimensión que ha alcanzado el evento. Más que un campus, el Spanish Event se ha convertido en un auténtico punto de encuentro entre el talento emergente europeo y el baloncesto universitario estadounidense. Un lugar donde entrenadores, reclutadores y jugadoras comparten durante una semana un mismo objetivo: encontrar la oportunidad que puede cambiar el futuro deportivo y académico de muchas de ellas.




