Había ganas de ver este partido.

Italia y Serbia llegaban empatadas con un 5-2 en el Grupo J y, más allá de la clasificación, había una pequeña cuenta pendiente. Serbia había perdido sus tres últimos enfrentamientos ante Italia y quería cambiar la dinámica.

Y vaya si lo hizo.

El partido empezó como se esperaba: mucha intensidad, defensas duras y bastante igualdad. Italia salió con personalidad, intentando incomodar a Jokić y encontrando en Nico Mannion y Simone Fontecchio sus principales argumentos ofensivos.

Serbia, algo dubitativa por momentos en ataque, necesitaba encontrar su ritmo. Y lo hizo en el segundo cuarto.

Un parcial de 13-0 permitió a los serbios pasar del 25-24 al 38-24 y tomar el control del partido. Gudurić empezó a manejar los tiempos y Serbia encontraba soluciones incluso cuando Jokić estaba en el banquillo.

Al descanso, 31-40.

Pero Italia no había dicho su última palabra.

Tras el paso por vestuarios, los de Luca Banchi salieron con otra energía. Mannion empezó a asumir más protagonismo, la defensa italiana subió un punto su intensidad y Serbia comenzó a cometer algunos errores.

Poco a poco, la diferencia desapareció hasta que el marcador volvió a estar igualado a 44.

Ahí apareció Aleksa Avramović.

El base serbio, eléctrico como siempre, se convirtió en el gran agitador del partido. Sus triples y su energía cambiaron el ritmo de un encuentro que Italia había conseguido llevar de nuevo a su terreno.

Gudurić puso la pausa que necesitaba Serbia y, entre los dos, volvieron a abrir una pequeña brecha.

57-54 al final del tercer cuarto.

Y entonces Serbia dio el último paso.

Italia se quedó sin anotar durante los primeros cuatro minutos del último periodo y Serbia aprovechó para escaparse hasta el 54-64.

Esta vez ya no hubo reacción. Los italianos siguieron peleando, empujados por una Vitrifrigo Arena completamente metida en el partido, pero Serbia había encontrado la manera de cerrar el encuentro.

Avramović terminó con 20 puntos y Gudurić con 19. Entre ambos anotaron 39 puntos y fueron, sin ninguna duda, los grandes protagonistas de la victoria serbia.

Y mientras tanto, Nikola Jokić hizo algo bastante poco habitual: pasar desapercibido.

El MVP serbio terminó con solo 8 puntos y 8 rebotes, muy lejos de sus números habituales. Después del partido, Dušan Alimpijević explicó que había jugado enfermo después de llevar varios días con problemas de salud.

Pero quizá ahí estuvo una de las claves de esta Serbia.

Cuando Jokić no pudo ser Jokić, aparecieron otros.

Mannion, por su parte, fue el máximo anotador italiano con 23 puntos, mientras Fontecchio terminó con 15. Demasiado poco acompañamiento para una Italia que, especialmente en el último cuarto, se quedó sin respuestas.

Italia 64 — 76 Serbia.

Una victoria importante. Por la clasificación, por la confianza y, sobre todo, porque Serbia consiguió quitarse de encima esa pequeña espina que tenía clavada con Italia.

La maldición italiana, esta vez, se quedó en Pesaro.