
Olympiacos pasó por Belgrado como un vendaval y dejó al descubierto la profunda crisis del Partizan, que cayó por 38 puntos en casa (66–104) en uno de los partidos más bochornosos de su historia en Euroliga.
Desde la salida de Željko Obradović, el declive deportivo y emocional del club es cada vez más evidente. Si aún quedaba alguna duda, la imagen de un Aleksandar Nikolić Hall medio vacío terminó de confirmarlo: gran parte de la afición partizana ha dado la espalda a este equipo.
El encuentro solo fue tal durante el primer cuarto (20–17) para los locales. A partir del segundo periodo, los de Joan Peñarroya entraron en colapso total: sin intensidad defensiva, sin lucha por el rebote y con unos porcentajes de tiro exterior impropios de este nivel.
El ejemplo más claro fue Cameron Payne, completamente desconectado: 1/5 en tiros de dos, 0/7 en triples y -29 en pista, una actuación que refleja hasta qué punto ha olvidado los objetivos con los que llegó al conjunto blanquinegro.
Si quedaba alguna esperanza de reacción, se evaporó al inicio del tercer cuarto, cuando Thomas Walkup anotó dos triples consecutivos (4/4 en ese momento) y Sasha Vezenkov continuó exactamente donde lo había dejado en la primera mitad.
La ventaja de Olympiacos no dejó de crecer: 79–43 al final del tercer cuarto, convirtiendo el último periodo en una simple formalidad. La única incógnita era por cuántos puntos acabaría ganando el equipo griego, ante un Partizan sin esperanza, sin carácter y sin una chispa que encendiera su juego.
El máximo anotador de Olympiacos fue Sasha Vezenkov con 25 puntos y 7 rebotes. Por parte del Partizan, destacó Duane Washington con 28 puntos, su mejor marca en Euroliga, aunque en una actuación completamente estéril.
Sorprende, una vez más, que los jóvenes Muurinen y Bošnjaković no disputaran ni un solo minuto, ni siquiera con el partido totalmente roto. Bruno Fernando, con 11 puntos, solo jugó 17 minutos, y Bonga no alcanzó los 24’, aportando demasiado poco en un equipo que firmó la tercera derrota más humillante de su historia, y además en su propio pabellón.
Llama también la atención que se destaque el apoyo de los aficionados que continuaron animando, cuando esta fue la peor entrada del año en Euroliga, comparable únicamente a algunos encuentros descafeinados de la ABA League.
Ni siquiera ver a un equipazo como Olympiacos sin Tyrique Jones (baja por contrato ante el Partizan) ni la presencia de los exjugadores Ntilikina y Milutinov pareció despertar el interés de gran parte de la afición grobari.
El Partizan no solo pierde partidos. Está perdiendo su identidad.




