
Partizan y Bayern Munich jugaron un partido entre dos de los equipos más hundidos de la clasificación, disputado en el SAP Garden de Múnich. Aun así, los locales llegaban con sensaciones claramente más positivas tras la reciente llegada de Svetislav Pešić al banquillo. Sin ir más lejos, en la jornada anterior habían sido capaces de vencer al Panathinaikos, mostrando señales evidentes de recuperación. Eso sí, el Bayern afrontaba este encuentro sin su gran referencia exterior, Andreas Obst, baja por lesión.
El Partizan, por su parte, llegaba en una situación límite: siete derrotas consecutivas en Euroliga, un juego pobre y una sensación de descomposición colectiva difícil de disimular. Además, Joan Peñarroya no pudo contar con Duane Washington ni con Jabari Parker, este último aparentemente fuera ya de los planes del técnico catalán. El objetivo no era otro que encontrar, aunque fuera mínimamente, un camino al que aferrarse tras semanas de baloncesto muy preocupante.
Y sorprendentemente, así empezó el partido. El Partizan salió como un rodillo, intenso en defensa y muy decidido en ataque, dejando sin respuesta a un Bayern superado desde el primer minuto. Los serbios secaron a los locales y castigaron cada error, cerrando el primer cuarto con un contundente 7-18 que invitaba al optimismo.
La reacción alemana llegó en el segundo cuarto. Los hombres de Pešić elevaron la presión defensiva y el Partizan volvió a mostrar uno de sus grandes problemas recurrentes: la pérdida de balones. El Bayern empezó a sentirse más cómodo, encontró mejores tiros y reflejó esa mejora con un parcial de 25-16 que devolvía la igualdad al marcador al descanso.
Tras el paso por vestuarios, el encuentro entró en una fase más física. El buen trabajo de Gabriel, el mejor del Bayern con 13 puntos, se veía contrarrestado por la superioridad del Partizan bajo los aros. Primero Bruno Fernando y después Tonye Jekiri encontraron ventajas interiores, bien alimentados por un Nick Calathes muy acertado en la dirección de juego. Aun así, el Bayern no se dejó intimidar y, pese a sus bajos porcentajes, volvió a llevarse el tercer cuarto por un ajustado 18-16.
El desenlace llegó en el último periodo, donde se consagró el mejor partido de Cameron Payne desde su llegada a Belgrado. El base estadounidense asumió responsabilidades, se puso el equipo a la espalda y castigó tanto desde el tiro exterior como atacando el aro con decisión. Payne fue determinante, justo cuando más se le había echado en falta en jornadas anteriores, y cerró el encuentro con 18 de valoración.
Victoria importante para el Partizan, la primera en Euroliga desde la llegada de Joan Peñarroya al banquillo. Un triunfo que no borra los problemas, pero que, tras haber tocado fondo, puede servir como punto de partida para reconstruir sensaciones y recuperar algo de confianza de cara a lo que queda de temporada.




