
La euforia que Baskonia traía desde su victoria ante el Manresa se desinfló en un visto y no visto. En Atenas, el conjunto vitoriano se encontró con un Panathinaikos que, incluso sin mostrar su máxima intensidad, controló el partido de principio a fin y dejó claro quién mandaba en la pista.
Desde el inicio, Baskonia pareció llegar desconectado: lento, blando y sin ritmo. El equipo griego aprovechó cada despiste para imponer su juego, y la primera mitad se convirtió en un desfile de malas sensaciones. La anotación exterior brilló por su ausencia: 1 de 10 en triples durante los primeros 20 minutos, un contraste brutal con el festival ofensivo del choque anterior. En defensa, las cosas tampoco mejoraron: siempre un paso tarde y cediendo demasiado terreno. Al descanso, el marcador reflejaba un claro 48-31 y Baskonia sumaba apenas 24 puntos de valoración total.
El tercer cuarto dejó el duelo prácticamente sentenciado. El segundo triple del equipo vasco no llegó hasta mediado el período, mientras que Toliopoulos, que hasta ahora había disputado solo 11 minutos en toda la temporada, anotó cuatro triples consecutivos, hundiendo definitivamente a los visitantes. Un tímido intento de reacción llegó con más circulación de balón y asistencias que en toda la primera mitad, pero el marcador de 73-54 al final del cuarto dejaba pocas esperanzas de remontada.
En el último acto, Simmons y Luwawu-Cabarrot intentaron tirar del carro, pero la diferencia ya era demasiado amplia. Galbiati aprovechó para dar minutos al joven Joksimovic mientras Toliopoulos cerraba su gran actuación con 21 puntos. Baskonia mejoró en el triple (6/11 en la segunda mitad), pero el esfuerzo llegó demasiado tarde.
Al final, la visita a Atenas terminó con derrota para Baskonia. Luwawu-Cabarrot fue el máximo anotador del equipo con 17 puntos, mientras que Simmons se llevó la mejor valoración, con 16 créditos. Una lección de realidad para los gasteiztarras: cuando el inicio es pésimo, el camino se vuelve cuesta arriba.




