
El UCAM Murcia CB volvió a demostrar que esta temporada es un equipo difícil de batir. En un partido que llegó a tener muy cuesta arriba, con una desventaja de 16 puntos en la primera mitad, el equipo de Sito Alonso se levantó desde el orgullo, llevó el encuentro a su terreno más emocional y acabó tumbando al Barça en un final de infarto (84-83).
Una victoria tan necesaria como celebrada para un conjunto universitario que llegaba tocado tras una racha negativa de cuatro derrotas en cinco partidos y que necesitaba un golpe sobre la mesa para recuperar sensaciones. Y lo encontró desde la fe, desde la grada y desde pequeños detalles que acabaron decidiendo un partido en el que el UCAM solo estuvo por delante durante los últimos 14 segundos.
El Palacio vivió uno de esos finales que se quedan grabados. El triple de Toni Nakic, tras una asistencia de Dylan Ennis, puso el 84-83 definitivo cuando el reloj casi no dejaba margen. Después llegaron los errores del Barça: dos tiros libres y dos lanzamientos de campo fallados que sellaron una victoria agónica y catártica para los murcianos.
El inicio mostró un Barça dominador, aprovechando su físico y su acierto exterior. La diferencia de centímetros en la pintura se hizo notar, pero fue sobre todo la efectividad azulgrana lo que marcó el ritmo del primer cuarto. El UCAM sufrió para frenar a Laprovittola y Punter, y tuvo que pedir tiempo muerto tras un parcial inicial desfavorable.
Aun así, dos triples de Radebaugh permitieron a los universitarios no perder completamente el hilo y cerrar el primer acto con una desventaja aún manejable (18-30).
El segundo cuarto comenzó con la misma tónica: el Barça castigaba cada error murciano y llegó a colocarse con 16 puntos de ventaja. Sin embargo, los locales empezaron a encontrar caminos desde el juego colectivo y un parcial liderado por DeJulius devolvió algo de vida al Palacio.
El ambiente fue creciendo con cada defensa y cada balón dividido. Cacok empezó a dejar huella en la pintura y Nakic aportó desde el perímetro para cerrar la primera mitad con los murcianos aún vivos (42-51).
Tras el descanso, los universitarios dieron un paso al frente en intensidad. Mejoraron en el rebote y consiguieron correr más, lo que les permitió recortar diferencias poco a poco. Cacok se convirtió en el faro ofensivo del equipo, peleando cada balón ante rivales más grandes y sumando puntos clave.
El Barça empezó a sentirse incómodo y el partido entró en una fase más física y emocional, justo donde el UCAM quería llevarlo. Un triple de Ennis encendió definitivamente al Palacio, aunque los azulgranas lograron cerrar el tercer cuarto aún por delante (61-68).
El Palacio empuja hasta el final
El último cuarto fue una batalla. Un parcial inicial permitió a los murcianos empatar el encuentro y llevarlo a un escenario de máxima tensión. El Barça volvió a apretar, pero apareció DeJulius para sostener al equipo con dos acciones consecutivas que devolvieron la igualdad.
Cacok acabó eliminado por faltas, pero dejó un trabajo inmenso en ambos lados de la pista. Ennis siguió leyendo cada posesión con madurez, repartiendo juego y defendiendo a su par. El UCAM, empujado por su público, llevó el partido al barro, a la lucha, al terreno emocional.
Y ahí llegaron los detalles. El Barça tuvo opciones para sentenciar, pero falló desde el tiro libre y desde el campo. En la jugada decisiva, Ennis dobló el balón con frialdad a Nakic, que desde la esquina no perdonó. El 84-83 desató la locura.
Los últimos segundos fueron eternos. Dos tiros libres errados por Vesely y dos lanzamientos fallidos más del Barça certificaron una victoria que el UCAM se ganó desde el orgullo y la convicción.
Ennis alejado de los focos en la anotación, entendió lo que pedía el partido: lanzó menos, defendió con dureza a Punter y acabó repartiendo nueve asistencias, incluida la decisiva para Nakic. Junto a él, un Cacok imperial sostuvo al equipo en los momentos más oscuros y un DeJulius decisivo en el último cuarto terminó de inclinar la balanza.
Una victoria que devuelve la confianza a un equipo que venía de semanas complicadas. El UCAM supo creer cuando todo estaba en contra y supo decidir cuando más pesaba el balón. En un partido decidido por pequeños detalles, el conjunto universitario encontró el premio a su insistencia y firmó una de esas noches que hacen afición y refuerzan un proyecto que sigue demostrando que, cuando se lo propone, puede competir con cualquiera.




