
A Malata vivió el pasado miércoles la última noche europea de la temporada. Avenida no dio opciones a un BAXI que, pese a luchar los 40 minutos, en ningún momento dio sensación de poder realizar la, ya a priori irrealizable, hazaña de remontar los 28 puntos de renta que habían conseguido las salmantinas, en la ida, la semana anterior.
Ante la excelente dirección de Iyana Martín y Claudia Soriano, con 13 asistencias y 19 puntos entre ambas. El liderazgo en la anotación de Cave, con 18 puntos, y Belén Arrojo, MVP del encuentro, 15 y con un porcentaje en tiro del 60%, y el dominio interior de la recién llegada Virag Kiss, con 8 rebotes, un Avenida coral, con 6 jugadoras por encima de los 12 puntos de valoración, fue muy superior a un equipo local, que tuvo en Blanca Millán a su mejor jugadora, con 18 de valoración, secundada por Claire Melia y Lay Daniels, con 16 y 10 respectivamente.
A Malata no necesita victorias para sentirse orgullosa.
Pocas cosas sobre esta ciudad norteña, naval, algo decadente por épocas, algo orgullosa casi siempre, no explica con maestría la canción «Ferrol», de Los Limones, que en tantas ocasiones sirve de himno no oficial para los que aquí nacimos y aquí seguimos y también para los que pudieron escapar y juraron no volver jamás.
En la segunda estrofa dice una frase que bien define lo que que ocurrió el miércoles en A Malata, y tantas otras veces en la ciudad, y probablemente buena parte de la relación de la afición de Ferrolterra con sus equipos de baloncesto:
«La cabeza bien alta cuando se tiene el valor para andar por la vida como el mejor perdedor»
La de Ferrol, sin ser una de las ciudades más populosas del mapa baloncestístico, ha conseguido ser una de las aficiones más numerosas de ACB hace cuatro décadas, con el OAR Ferrol y, desde hace ya una década, una de las más numerosas del baloncesto femenino, con el Uni, sin haber ganado nunca un título, más allá de las Copas de Galicia y un título de la segunda categoría para cada uno.
Y es que el vínculo con sus equipos va más allá de los resultados deportivos y A Malata volvió de demostrar el miércoles que no es simplemente una pose. Los más de 1.300 aficiónanos que se dieron cita en el polideportivo ferrolano, no pararon de animar durante los 40 minutos. Y en el ocaso del partido, 50 puntos abajo en la eliminatoria, el grito de guerra del equipo, «Ese Uni», sonó más fuerte que en cualquier otro momento de la temporada, al que siguió un «Campeonas, campeonas,…», con el que quedó claro que, el apoyo de esta afición a sus jugadoras no es cuestión de resultado, si no de identificación. Evidentemente también estaba implícito el agradecimiento por dos temporadas europeas inimaginables hace tan sólo 3 años, cuando un equipo recién ascendido conseguía clasificarse para la Copa de la Reina.
Con la bocina final, el público en pie ovacionó, no un resultado, ni una clasificación, si no el esfuerzo de haber luchado juntos, en la grada y en la pista por un objetivo común. Si se gana, todos ganan, si se pierde, también.
Ahora los esfuerzos, en una temporada que está resultando complicada, se centraran en luchar por estar una temporada más entre los 16 mejores equipos del Estado y si puede ser volver a disfrutar del sueño de competir en Europa por tercera temporada consecutiva.




