
El SAP Garden de Múnich se llenó hasta la bandera —11.500 espectadores, lleno absoluto— y entre ellos, unos 2.000 aficionados serbios recordaron, una vez más, por qué la afición grobari es de las más apasionadas del continente: acompañando a su equipo allá donde haga falta, aunque el estadio rival solo les deje un rincón.
El partido empezó con la iniciativa de los alemanes, y así fue durante gran parte del encuentro. El control sobre la principal arma ofensiva del Partizan, Carlik Jones, surtió efecto: el base sursudanés no se encontraba cómodo ni resolvía como nos tiene acostumbrados. El buen hacer, primero de Vladimir Lucic y después de Johannes Thiemann y Duane Washington, hacía sufrir a un Partizan que se mantuvo en pie gracias a la defensa de un inconmensurable Alessandro Pajola —acabaría con 7 asistencias y 4 robos de balón— y a un Tonye Jekiri muy móvil, capaz de castigar por dentro y desde media distancia. Sería, de hecho, el máximo anotador de la noche: 17 puntos.
El partido se mantuvo parejo hasta que, cerca del final del tercer cuarto, Bayern encontró su mayor ventaja: 65-52, trece arriba. Partizan reaccionó antes de que sonara la bocina y llegó al último periodo ocho abajo, 65-57. Con un Carlik muy por debajo de lo esperado, apareció de nuevo la figura de Luca Vildoza, sumando en ambos lados de la pista —8 puntos, 4 asistencias, 3 robos— que, junto a Pajola, ayudaron a secar los triples de Andreas Obst. Pese a todo, Thiemann y Washington seguían decantando el partido hacia los alemanes.
Cuando más complicado lo tenía el Partizan, con Bayern arriba por nueve a mitad del último cuarto, apareció Carlik Jones, por fin, con una muestra de carácter excepcional: penetraciones a canasta, un par de 2+1 vitales y una asistencia para un Kevarrius Hayes que jugaba por encima del aro y defendía a un nivel excepcional. Jones acabaría anotando 12 de sus 16 puntos solo en ese último cuarto. Tanto fue así que se llegó a los últimos segundos con el Partizan dos arriba, 86-84.
Duane Washington se jugó la última posesión. El americano, nacido en Fráncfort y que hasta este verano vestía la camiseta del Partizan, buscó el triple que hubiera ganado el partido contra su antiguo equipo. Pero Hayes, con muy buenas piernas, impidió el uno contra uno y supo puntear el tiro, que se quedó corto.
Otra victoria «inesperada» del Partizan, que supo competir sin tener a su gran estrella al mejor nivel durante casi todo el partido, y que confirma que el trabajo en equipo, la energía y la defensa siguen siendo pilares y seña de identidad de los de negro.




