El Recoletas Salud San Pablo Burgos firmó una de sus noches más decepcionantes de la temporada al caer derrotado por un contundente 59-86 frente al Rostock Seawolves en el Coliseum. Una derrota que va mucho más allá del resultado, porque el conjunto burgalés volvió a evidenciar sus enormes dificultades ofensivas, su falta de continuidad y una preocupante incapacidad para competir cuando el rival consigue imponer su ritmo. El equipo de Porfi Fisac fue superado de principio a fin por un conjunto alemán que encontró demasiadas facilidades para jugar, anotar y controlar el encuentro. La afición, con más de 6.000 espectadores en las gradas, terminó mostrando su descontento ante una actuación que dejó muy pocas cosas positivas.

El comienzo todavía permitió albergar cierta esperanza. El San Pablo intentó buscar sus opciones cerca del aro, aunque las primeras pérdidas y las dificultades para encontrar buenos lanzamientos ya anticipaban una noche complicada. Un triple de DJ Steward permitió colocar el 13-12, pero aquella ventaja terminó siendo prácticamente un espejismo. El Rostock encontró rápidamente el camino hacia el aro burgalés y comenzó a castigar desde el perímetro. La defensa local no consiguió ajustar las ayudas ni controlar las situaciones de lanzamiento exterior, mientras que en ataque los morados acumulaban decisiones precipitadas y tiros forzados. El primer parcial de 14-27 dejaba ya una diferencia considerable.

El segundo cuarto terminó de retratar los problemas del conjunto burgalés. Sin capacidad para encontrar fluidez ofensiva, el San Pablo se fue atascando ante una defensa alemana que tampoco necesitó realizar un esfuerzo extraordinario para controlar sus ataques. La falta de dirección y de claridad en la circulación del balón volvió a ser evidente. El Rostock, por el contrario, encontró diferentes protagonistas para mantener su producción ofensiva y aprovechó cada error local para ampliar la distancia. Un parcial de 0-9 disparó la diferencia hasta el 23-46 y el encuentro llegó al descanso con un demoledor 27-51.

La estadística de la primera mitad explicaba buena parte de lo sucedido: un San Pablo sin recursos, sin acierto exterior y con enormes dificultades para generar ventajas. El equipo alemán había encontrado demasiadas facilidades para lanzar y había castigado cada desconexión defensiva de los locales.

Tras el descanso no llegó la reacción esperada. El Rostock salió decidido a cerrar definitivamente el encuentro y elevó su ventaja hasta los 31 puntos (27-58). El Coliseum asistía a una situación difícil de explicar para un equipo que necesitaba ofrecer una respuesta después de sus últimos tropiezos europeos. DJ Steward intentó asumir responsabilidades y encadenó varios lanzamientos exteriores que permitieron reducir parcialmente la diferencia. El estadounidense terminó siendo el principal argumento ofensivo de los burgaleses, pero sus esfuerzos individuales no fueron suficientes para cambiar la dinámica. El tercer periodo concluyó con un 48-74 que dejaba el partido prácticamente sentenciado.

El último cuarto apenas modificó el escenario. El San Pablo intentó reducir distancias mediante acciones aisladas, pero nunca encontró continuidad ni capacidad para inquietar realmente a su adversario. El Rostock administró cómodamente su ventaja y terminó llevándose una victoria incontestable por 59-86, después de imponerse en los cuatro parciales.

DJ Steward fue el máximo anotador burgalés con 14 puntos, mientras que Dusan Radosavljevic aportó 8, Christian Sengfelder 7 y Joaquín Taboada y Rubén Guerrero sumaron 6 cada uno. En el conjunto alemán destacó especialmente TJ Crockett Jr., autor de 19 puntos, acompañado por los 13 de Zach Copeland y los 11 de Bent Leuchten.

Pero hay un dato que resume perfectamente el desastre ofensivo: el San Pablo terminó con un pobre 5 de 31 en triples, apenas un 16,1%, y un 61,5% desde el tiro libre. Unos porcentajes absolutamente insuficientes para competir en una competición como la Eurocup. Además, la producción ofensiva volvió a depender demasiado de las individualidades y especialmente de un DJ Steward que tuvo que asumir una responsabilidad excesiva.

La derrota deja muchas preguntas encima de la mesa. No se trata únicamente de perder contra un rival que estuvo acertado, sino de la manera en la que el equipo burgalés está afrontando determinados encuentros. Faltan ideas en ataque, cuesta encontrar ventajas desde el bloqueo directo, la circulación del balón no genera situaciones cómodas y, cuando el lanzamiento exterior no entra, el equipo parece quedarse sin alternativas. En defensa, las dificultades para contener el perímetro y las desconexiones individuales terminaron de convertir el partido en una auténtica pesadilla.

El regreso de Retin Obasohan, que disputó sus primeros minutos, supone una noticia positiva, aunque todavía necesita recuperar ritmo y sensaciones. Su presencia puede ayudar a mejorar la dirección y la generación de juego, dos aspectos que el equipo está echando especialmente en falta.

El San Pablo Burgos necesita reaccionar y hacerlo cuanto antes. La Eurocup está empezando a convertirse en una competición muy cuesta arriba y el equipo comparte la última posición del grupo con el Cedevita Olimpija, ambos con una sola victoria. El próximo compromiso europeo será el miércoles 11 de noviembre en Francia, frente al Le Mans Sarthe Basket. Una oportunidad para cambiar la imagen, pero también una nueva prueba para comprobar si este equipo es capaz de encontrar soluciones a unos problemas que empiezan a resultar demasiado recurrentes.

Porque una cosa es perder partidos y otra muy distinta es dejar de competir. Y ante el Rostock, el San Pablo Burgos estuvo demasiado lejos de hacerlo.