
La NCAA se ha visto salpicada por las supuestas apuestas de jugadores que habrían provocado un escandaloso amaño masivo de partidos. Una noticia que ha saltado en las últimas horas y en el que de momento se han detenido a 26 personas, 12 de ellas jugadores de baloncesto universitario.
Parece que el dinero que empieza a mover la competición no es suficiente y los jugadores eran reclutados por los que apuestan con ofertas de dinero por bajar su nivel de rendimiento en algunos partidos. Las apuestas eran contra equipos que jugaban esos jugadores y supondrían un fraude para las casas de apuestas.
Es un problema creciente que lleva latente desde el 2018 cuando se aprobó el poder apostar en algunos estados en este tipo de deportes e incluso la NCAA permitió a estudiantes y atletas apostar en deportes profesionales, algo que tuvo que derogar el pasado noviembre.
La investigación informa que todo empezó en un partido en China en el 2023 y tras las ganancias se pasaron a la NCAA en partidos de este pasado 2025. Se informa que casi 40 jugadores estarían implicados en el amaño de casi 30 partidos en unas ganancias de millones de dólares que reportarían una parte importante sobre los propios jugadores. Se estima que podrían ganar entre 10 y 30 mil dólares por partido.
Este tipo de prácticas pone en jaque la neutralidad en el deporte y pone en duda muchos resultados que ahora parecen deberse a las apuestas. Del pasado curso se han acusado a 15 jugadores de la primera división de la NCAA e incluso jugadores como Antonio Blakeney, ha sido acusado por apostar en China la temporada 22-23.
El mundo de las apuestas no es la primera vez que salpica al deporte profesional y parece una «enfermedad» complicada de curar, no solo en el baloncesto sino en muchos otros deportes donde se ofrecen a los deportistas mucho dinero con tal de obtener el resultado que quieren los que apuestan.




