La Euroliga actual ha llevado la competitividad presupuestaria a otro nivel. Las diferencias económicas son cada vez mayores y solo pueden compensarse con scouting, cultura organizativa y una idea sólida de club. Desde los despachos hasta la pista.

Valencia Basket probablemente sea hoy el mejor ejemplo del continente.

Pero más allá del presupuesto, todo empieza por definir un objetivo. ¿Qué quiere ser el Barça? ¿Un equipo aspirante fijo a la Final Four? Ganarla ya es otra cuestión muy distinta, como incluso se demostró en la etapa de Saras Jasikevicius. Porque jugar una F4 depende de estructura, regularidad y proyecto; ganarla, en cambio, también depende de detalles, contexto y gestión emocional de un torneo a partido único.

El problema es que ahora mismo el Barça transmite algo todavía más preocupante: ni siquiera queda claro si el objetivo real es competir o simplemente sobrevivir.

Se puede ganar desde un proyecto sólido y a largo plazo. Pero para ello hace falta una dirección clara. Quiero pensar que el club está intentando dar un paso atrás para poder construir algo más grande en el futuro. Sin embargo, la sensación general sigue siendo la de una sección sin rumbo.

La salida frustrada de Xavi Pascual refleja perfectamente esa sensación.

Y ahí es donde aparece otra cuestión importante: cuando el mercado de entrenadores es tan complejo, puedes apostar por un ganador contrastado o por una figura con la que construir una identidad alrededor.

La apuesta ambiciosa habría sido alguien como Zeljko Obradovic. O al menos mostrar interés por perfiles que reflejen una voluntad real de volver a dominar Europa. Incluso Vasilis Spanoulis ya ha demostrado en poco tiempo la dureza competitiva necesaria para gestionar un vestuario lleno de estrellas y llevarlo a una Final Four.

Paolo Galbiati hablando con Carlos Cortés en el Play-Off de la Liga Endesa.Foto: @Bernatgo5

Si ese escenario no es posible, entonces quizá la vía más coherente habría sido apostar por alguien como Jaka Lakovic: un técnico emergente, con identidad, pasado azulgrana y conocimiento profundo del entorno Barça.

Por eso sorprende que, después de Roger Grimau, Joan Peñarroya y el fracaso de no poder cerrar a Pascual, el nombre que aparezca ahora sea el de Paolo Galbiati.

Es cierto que ha mostrado personalidad, pasión y detalles muy interesantes. Su Baskonia dejó momentos de muchísimo nivel, especialmente en Copa. Pero también mostró limitaciones evidentes en Europa y cayó demasiado pronto en ACB frente a una Penya claramente inferior en presupuesto. Más que una cuestión de nombres, todo se resume en una pregunta: ¿qué quiere ser el Barça Basket?

Porque sin un objetivo claro, no existe proyecto posible.

Y si quienes deben liderarlo no están a la altura, el riesgo es seguir agrandando el agujero de una sección cada vez más desconectada de la élite europea. Veremos qué ocurre. Pero ahora mismo, cuesta ver señales realmente esperanzadoras.