
Valencia Basket disputará la primera Final Four de su historia tras una fase regular y unos playoffs históricos.
Los de Pedro Martínez disputarán en Atenas la primera Final Four de la Euroliga de la historia de Valencia Basket, un logro que parecía impensable al inicio de temporada. El conjunto taronja arrancaba el curso como uno de los posibles equipos revelación, pero sus prestaciones han superado cualquier expectativa hasta el punto de llegar a la cita decisiva convertido en un auténtico lobo con piel de cordero. Nadie se atreve ya a descartarles en la pelea por el título.
Y motivos no faltan para creer en ello. Los valencianos han conquistado algunas de las pistas más imponentes de Europa como el OAKA, El Pireo o el Arena Stark de Belgrado; terminaron segundos en la fase regular más exigente de la historia de la competición y, por si quedaba alguna duda, eliminaron en playoffs a uno de los grandes favoritos al título, el Panathinaikos, tras remontar un 0-2 en contra.
Estos hitos han colocado a Valencia Basket en una nueva dimensión dentro del baloncesto europeo. Su estilo de juego, la personalidad competitiva del equipo y la mentalidad transmitida por Pedro Martínez y su staff han provocado que el conjunto del Túria no se sienta inferior ante nadie, algo que ha demostrado durante toda la temporada.
El dato refuerza todavía más esa sensación: Valencia Basket ha ganado cuatro de los seis partidos disputados ante los otros equipos presentes en esta Final Four, cayendo únicamente en las pistas de Real Madrid y Fenerbahçe. Solo el conjunto blanco iguala ese balance, con derrotas en el Roig Arena y en El Pireo frente a Olympiakos. Argumentos más que suficientes para confirmar que el cuadro taronja puede mirar de tú a tú a cualquiera de sus rivales en Atenas.
La inexperiencia, eso sí, puede convertirse en un factor determinante. La Euroliga suele premiar a equipos curtidos en este tipo de escenarios, plagados de jugadores acostumbrados a las grandes citas. Sin embargo, este Valencia Basket ya rompió ese muro en los playoffs. Los secuaces de Pedro Martínez nunca han entendido de normas ni de mitos establecidos, y precisamente esa mezcla de inconsciencia y personalidad competitiva ha sido una de las claves de su espectacular rendimiento esta temporada.
De hecho, ningún jugador de Valencia Basket ni tampoco ningún miembro de su staff ha disputado antes una Final Four de la Euroliga. El contraste con sus rivales es enorme: en el Real Madrid, más de la mitad de la plantilla tiene experiencia en este tipo de escenarios; en Olympiakos, únicamente cinco jugadores de un roster de 16 son debutantes; y el vigente campeón, Fenerbahçe, cuenta con nueve jugadores con experiencia previa en finales a cuatro.
El rival del viernes será precisamente el Real Madrid, probablemente el adversario más incómodo para los de Pedro Martínez. Los de Sergio Scariolo parecen haber encontrado la fórmula para desactivar al conjunto valenciano y el duelo empieza incluso a adquirir un componente psicológico. Los taronja han perdido gran parte de su identidad en varios enfrentamientos ante los blancos esta temporada y únicamente han logrado derrotarlos una vez —sin contar la Supercopa—, en aquel estreno de Euroliga en el Roig Arena. El resto fueron derrotas, algunas especialmente dolorosas, como la semifinal de Copa marcada por los ya inolvidables triples de Mario Hezonja.
Sin embargo, el contexto ahora es distinto. Esa inconsciencia competitiva juega a favor de Valencia Basket, que aterriza en Atenas reforzado moralmente tras sobrevivir a dos matchballs en el OAKA ante una de las plantillas más temibles del continente. Además, el Real Madrid no podrá contar con sus dos cincos, Walter Tavares ni Alex Len, especialmente sensible la baja del pívot caboverdiano, una auténtica pesadilla para cualquier rival y pieza fundamental tanto en la defensa madridista como en la manera en la que condiciona el ataque rival.
Aunque Valencia Basket no dispone de interiores dominantes capaces de castigar directamente esas ausencias —Usman Garuba, de hecho, ha defendido muy bien al conjunto taronja esta temporada—, sí puede notarse en otro aspecto fundamental: la defensa del backcourt valenciano. Sin Tavares protegiendo el aro, esos pequeños diablos liderados por Montero y Badio podrían encontrar más espacios para finalizar cerca de canasta sin depender tanto del acierto exterior.
Y precisamente el factor Jean Montero será uno de los grandes focos de atención de esta Final Four. El dominicano aterriza en Atenas en el mejor momento de su carrera, elogiado en toda Europa y después de firmar unos playoffs descomunales: 20 puntos de media y cifras cercanas a la treintena de valoración, registros absolutamente extraordinarios para un debutante en la competición.
A pesar de los rumores surgidos en los últimos días que lo sitúan lejos del club la próxima temporada, todo apunta a que Montero querrá dejar su huella en una cita histórica para Valencia Basket y para el baloncesto europeo.
Tampoco hay que olvidar a su mano derecha y mejor aliado, Brancou Badio, posiblemente uno de los jugadores más determinantes de la competición en ambos lados de la pista. El escolta senegalés fue clave en la eliminatoria de playoffs, especialmente por su extraordinario trabajo defensivo sobre Kendrick Nunn y sus 20 puntos en el último y decisivo encuentro de la serie.
Ahora, Badio llega dispuesto a dar un paso más en un escenario de esta magnitud, preparado para trasladar toda su energía, carácter y locura competitiva al beneficio del equipo en busca de una hazaña que convertiría esta temporada en una historia todavía más legendaria para Valencia Basket.
Con todos estos ingredientes se presenta Valencia Basket en Atenas, dispuesto a romper el maleficio de los debutantes en una Final Four. El último equipo que logró proclamarse campeón en su primera participación fue el Zalgiris Kaunas en 1999, hace 27 años, liderado por el exjugador cajista Tyus Edney, MVP de aquella edición histórica.
Ahora, los “locos” de Pedro Martínez quieren volver a desafiar el orden establecido, derribar otro muro aparentemente imposible y soñar con llevar por primera vez el título de la Euroliga a Valencia.




